Expertos de la UE estudian contra reloj la fórmula para el segundo rescate

La presión de Merkel en el Eurogrupo pone a Grecia al borde de suspender pagos

La división del Eurogrupo sobre las condiciones para el segundo rescate de Grecia ha reavivado la crisis de la deuda soberana. Un grupo de expertos de la zona euro prepara contrarreloj una fórmula de consenso para frenar el contagio y para reestructurar la deuda griega aunque suponga una suspensión de pagos.

La presión de Merkel en el Eurogrupo pone a Grecia al borde de suspender pagos
La presión de Merkel en el Eurogrupo pone a Grecia al borde de suspender pagos

Vuelta a la casilla inicial pero con mucho menos tiempo para llegar a la última. La imposibilidad de lograr un acuerdo sobre la participación del sector privado en el segundo rescate de Grecia, como desea Alemania, ha obligado a los ministros de Economía de la zona euro (Eurogrupo) a delegar en sus expertos la tarea de preparar una fórmula de consenso que permita una reducción del coste del servicio de la deuda griega para garantizar la sostenibilidad de las finanzas de Atenas.

El encargo no tiene plazo concreto, pero los expertos deberán presentar "en breve" su propuesta a los ministros. Y el mandato se ha cursado con un lenguaje ambiguo que revela tanto la disparidad de opiniones en el seno del Eurogrupo como la disposición de algunos socios a aceptar las soluciones más radicales, incluida la quiebra de Atenas.

Para el ministro holandés de Finanzas, Jan Kees de Jager, máximo representante junto al alemán de la línea dura frente a los acreedores privados, el Eurogrupo ya no excluye la suspensión de pagos en Grecia como medio para forzar a los bonistas a asumir parte de la factura del rescate.

En el extremo opuesto y en apoyo de las tesis del Banco Central Europeo en contra de cualquier reestructuración, el titular de Finanzas de Luxemburgo, Luc Frieden, descartó ayer que algún país de la zona euro pueda entrar en suspensión de pagos. Más tajante aún se mostró España, que rechaza ya cualquier tipo de participación del sector privado en el rescate aunque sea aparentemente voluntaria, sin términos definidos. Francia, cuyos bancos son los principales acreedores de Grecia, acepta a regañadientes la exigencia alemana de incorporar a los bonistas al rescate. Pero el endurecimiento de la posición de Berlín puede llevar a París a alinearse de nuevo con Fráncfort y Madrid.

Y la tormenta bursátil desatada el lunes parece haber radicalizado ya a ambos bandos y complicado la posibilidad de un acuerdo. Tras el fracaso de las reuniones de ayer y anteayer, la zona euro no descarta celebrar esta misma semana una cumbre al más alto nivel para intentar limar las diferencias y pactar algún principio de acuerdo que apacigüe a los mercados. Berlín supedita cualquier avance a un compromiso para lograr una participación "sustancial" del sector privado. Y en aras de conseguir ese objetivo ya ni siquiera se descarta que la fórmula elegida provoque una degradación de la deuda griega por parte de las agencias de rating hasta el nivel de suspensión de pagos (D) o suspensión de pagos selectiva (SD).

Ambas calificaciones podrían dejar a la banca griega sin acceso a la financiación del BCE, un arma que Trichet amenaza con utilizar para frenar la ofensiva alemana.

Crisis sistémica

El comisario europeo de Economía, Olli Rehn, consideró ayer inevitables estos regateos para una decisión que debe tomarse por unanimidad de los 17 socios de la zona euro. Pero admitió, al término de la reunión del Ecofin (consejo de ministros de Economía y Finanzas de a UE) celebrada en Bruselas que "hemos entrado en una fase muy seria de la crisis de la deuda soberana", El comisario finlandés advirtió que la virulencia de la crisis ya no puede atajarse con parches nacionales sino que "requiere una solución sistémica". Solución que no acaba de llegar.