A fondo

¿Miden el riesgo o lo provocan?

La función de una agencia de rating es calificar y valorar con sus notas el riesgo de impago y el deterioro de la solvencia de un emisor de títulos o productos financieros en general. Su misión, por tanto, es fundamental, en un sistema como el capitalista, muy complejo y necesitado de jueces imparciales que aporten transparencia en las transacciones financieras.

Un buen medidor de riesgos es clave para tomar decisiones de inversión. Pero, ¿qué ocurre cuando este medidor de riesgos se convierte en juez y parte del sistema? Es en lo que parece que se están convirtiendo las agencias, al provocar con sus decisiones un mayor riesgo de impago y, por ende, una mayor especulación en los mercados, según denuncian instituciones como la Comisión o el Consejo Europeo.

Al margen de si están acertando con sus fuertes bajadas de rating en países con dificultades como Grecia o Portugal, lo cierto es que hay una crítica generalizada a su funcionamiento y que es necesario tomar medidas urgentes. Prueba de ello es el pulso que echó ayer el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, a Moody's (una de las tres grandes) al anunciar que aceptará deuda portuguesa pese a que la agencia había rebajado un día antes la calificación de los títulos portugueses a bono basura.

El pulso de Trichet a Moody's, ampliable a las otras dos grandes (S&P y Fitch), solo se explica si desde el BCE hay un convencimiento de que las agencias no están actuando con objetividad. Y no hay nada más estéril que unos medidores de riesgo que hayan perdido su credibilidad.

El problema es aún mayor si se tiene en cuenta que los grandes críticos de esta situación (los líderes del G-20) no han tomado cartas en el asunto pese a que llevan años denunciándolo. Y es que la polémica que se cierne sobre las agencias de rating no es nueva. Deriva de los errores sistemáticos en la predicción de la crisis que se originó en 2007 (no supieron prever la quiebra de Lehman Brothers). Por tanto, si hay un descontento por el funcionamiento de las mismas lo lógico es cambiar la situación cuanto antes. ¿Qué se puede hacer? Como ya se ha dicho desde los bancos centrales y el G-20, el quid de la cuestión está en elevar el número de agencias y hacerlas depender menos de sus clientes, muchos de los cuales son las empresas a quien examinan.

Desde ese punto de vista no se entiende cómo la UE no abordará hasta final de año su reforma. Tal vez el problema sea que se necesite a su vez una reforma del sistema de toma de decisiones de la UE, como reconocen fuentes comunitarias. Pero esa es otra historia.