COLUMNA

Miedo en Grecia, miedo en Portugal

Moody's no ha hecho nuevos amigos en la zona euro tras la rebaja de la deuda de Portugal a la calificación de bono basura. Su decisión puede parecer dura e incluso injusta, ya que hace solo pocas semanas que el Gobierno luso ejecutó el programa de austeridad acordado a cambio de los 78.000 millones de euros de rescate de la eurozona y del FMI. Pero el país no puede permitirse el lujo de reflexionar sobre lo que es justo o no. Debería escuchar lo que dicen sus acreedores y actuar en consecuencia.

Las insinuaciones sobre la necesidad de un segundo rescate son muy prematuras. Solo porque Grecia haya necesitado más de uno, no significa que otros países vayan a seguir su ejemplo. La deuda lusa, que actualmente está por debajo del 106% del PIB, es alta, pero todavía está lejos de la griega. Tampoco tiene el mismo problema de subida de impuestos. Además, el nuevo Gobierno tiene una cómoda mayoría parlamentaria que le permite implementar tanto el programa de austeridad como las reformas estructurales destinadas a impulsar el crecimiento.

¿Pero quién puede decir que el riesgo no está ahí? Incluso los creadores del plan de austeridad reconocieron en mayo que el paquete -aprobado por todos los partidos políticos- era un desafío. Reducir el déficit desde el 9,1% del PIB del pasado año a un 3% para 2013 sería difícil para cualquier país. Y, como resultado, se espera que la economía portuguesa esté en recesión hasta 2013. Además, no está claro que con el tiempo las reformas estructurales sean capaces de impulsar el crecimiento.

La decisión de Moody's puede terminar dificultando ligeramente la recuperación portuguesa. Pero aunque sea penoso para la economía, esto refleja las preocupaciones de los inversores. Portugal puede no necesitar un segundo rescate, pero el riesgo podría servir como un recordatorio útil de lo que el país debe hacer.