TRIBUNA

¿Cómo se puede salvar Grecia?

La bajada de la calificación crediticia de Grecia, los rumores de abandono del euro y los debates sobre el próximo rescate de emergencia demuestran que el problema de la deuda pública todavía no se ha resuelto en la zona euro. Un seguro para bonos soberanos sería una ayuda, y se ha cometido el error de no discutirse.

Durante muchos años, Grecia y otros países han seguido un modelo de negocio que confiaba en los préstamos baratos, los cuales ya no son disponibles desde la crisis de 2008. Los Gobiernos de la zona euro reaccionaron de forma responsable aliviando la crisis de liquidez mediante una línea de crédito de emergencia. Sin embargo, la falta de liquidez es solo uno de los síntomas del problema de la solvencia de Grecia: ya no puede hacer frente al endeudamiento en aumento con su actual modelo.

Los mercados de capitales esperan que el problema se solucione al estilo americano, mediante una cancelación radical de deuda. A pesar de las fervientes negativas, se espera una quita de entre el 40% y el 60%. Bajo estas circunstancias, no sorprende que no se esté invirtiendo capital privado en Grecia. La inyección de liquidez de emergencia de la UE amenaza con convertirse en la única fuente de financiación para Grecia y el resto de la periferia. Este no era el objetivo, así que la resistencia política es cada vez mayor.

La alternativa a la quita es una reestructuración. Esto va en línea con la tradición europea de suministrar más financiación a los deudores en dificultades bajo estrictas condiciones, y que así recuperen su salud financiera. Los Gobiernos europeos y prestamistas prefieren esta solución por buenos motivos. Además de bancos, bajo presión de los reguladores, el Banco Central Europeo es uno de los acreedores más importantes.

La condonación a gran escala de la deuda griega requeriría una importante recapitalización del sistema bancario europeo. Dicha recapitalización sería fondeada por los contribuyentes, lo que pone en duda que sea una solución viable. Otro de los riesgos es que otros países altamente endeudados sucumbirían a la tentación de aliviar la carga de su deuda de la misma forma. Las simples sospechas en este sentido causarían incertidumbre entre los inversores, lo que elevaría las tasas de riesgo de la periferia. Existe además el riesgo de que se produzca una reacción en cadena con repercusiones similares a las de la crisis de Lehman.

Para que una reestructuración tenga éxito, se requiere una financiación a largo plazo con condiciones sostenibles. Ni siquiera el generoso programa de rescate de 500.000 millones de euros del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM, en sus siglas en inglés) será suficiente como única fuente de financiación, ya que está claro que Grecia y la periferia necesitarán más de uno o dos años para rectificar los déficits estructurales. Está en duda si el ESM será suficiente, y si solo beneficiaría a los especuladores.

Aquí es donde entra en acción el esquema de seguro. Si asumimos que Grecia asegura los nuevos bonos del Estado en un 90% con un Mecanismo Europeo de Seguro Soberano (ESIM, por sus siglas en inglés), se anularía la base especulativa de los diferenciales muy elevados: las pérdidas se limitarían al 10%.

Con un riesgo calculable, muchos inversores estarían dispuestos a invertir a tasas razonables. No se trataría de subvención de riesgo privado por parte del Gobierno, sino de un mero interés alineado a fin de obtener financiación del mercado de capitales durante la fase de reestructuración. Como resultado, los fondos que ya ha prometido el ESM tendrían un impacto mucho mayor y al mismo tiempo compartirían el riesgo con el sector privado.

Los Gobiernos de la zona euro no solo estipularían las primas sino que también decidirían si las reclamaciones están justificadas. Las primas de seguros podrían fijarse anualmente, y también vincularse a los progresos a la hora de resolver sus problemas.

El Mecanismo Europeo de Seguro Soberano también ayudaría en cuanto a la solvencia. Se ofrecería a los inversores la oportunidad de intercambiar los bonos existentes con un valor de mercado de alrededor del 60% por nuevos bonos de más largo plazo y asegurados por el ESIM a un valor de 75%, por ejemplo. En función de su valoración individual, los inversores podrían aceptar este intercambio o retener los valores más arriesgados. Un recorte voluntario de este tipo, combinado con una ampliación del plazo de la deuda, mejoraría la solvencia del deudor sin perjudicar a los acreedores individuales con medidas colectivas.

Una asociación de este tipo entre capital gubernamental y capital privado crearía oportunidades para el crecimiento a largo plazo y podría implementarse dentro del marco de los fondos del ESM ya prometidos sin necesidad de requerir nuevos fondos.

Paul Achleitner. Miembro de la junta directiva de Allianz SE