EDITORIAL

La vivienda y el modelo de PIB

España tiene ahora casi 700.000 casas nuevas sin vender, prácticamente las mismas que hace un año. La anemia del mercado durante los tres últimos ejercicios ha impedido la reducción del stock, que incluso ha avanzado a medida que iban terminando las promociones que estaban en marcha cuando irrumpió la crisis. Esta circunstancia incluso ha provocado aumentos de las casas sin vender en las regiones turísticas, especialmente la Comunidad Valenciana, donde se acumulan las mayores dificultades para diluir la sobreoferta, y constituyen la imagen más explícita de la desmesura que ha alcanzado un modelo de crecimiento del PIB desafortunado. La naturaleza de este tipo de residencias, mayoritariamente de carácter secundario y turístico, impide una resolución inmediata de las dificultades, además de ser el causante directo de los déficits de solvencia que tienen algunas entidades.

Una venta rápida de estos excedentes solucionaría parte del problema financiero que tiene la economía española. Pero en absoluto crearía empleo, más allá del que aparece temporalmente como servicio inmobiliario. Por tanto, es condición necesaria, pero no suficiente, para superar la crisis y únicamente una reducción de sus precios hasta los niveles aceptables por la demanda pondría a España en el camino de absorber este lastre.