COLUMNA

Beneficio de la duda para Francia

A François Baroin le espera un trabajo difícil. El nuevo ministro de Finanzas protagonizó algunos titulares el año pasado cuando advirtió que Francia arriesgaba su calificación AAA si no recortaba el gasto. Lo que no gustó al presidente Sarkozy. Al menos Baroin mostró tener en mente las prioridades correctas.

Ahora que ha sucedido a Christine Lagarde, Baroin necesitará todas las energías para ayudar a evitar que el Gobierno dé el giro populista habitual en época electoral en el gasto público. A pesar de haber logrado conservar la AAA, las finanzas públicas francesas están más cerca de las de Portugal o España que las de Alemania. Su déficit presupuestario debería estar un poco por debajo del 6% del PIB este año, mientras que la deuda se situaría en casi el 85% del PIB.

El éxito alemán empujó la economía francesa, con un 2% de crecimiento relativamente fuerte. Pero las exportaciones y el déficit por cuenta corriente del país vecino es una señal preocupante de más problemas en el futuro.

Si prevalece el sentido común, Francia no tendrá otra opción que introducir reformas y recortes. Sin embargo, la oposición socialista parece no creer que el déficit es una emergencia y desea atrasar el plan del Gobierno para reducirlo al 3% del PIB hasta el 2013. Esta actitud de relax puede que no juegue bien con los votantes franceses. Sarkozy cree haber identificado un punto débil y quiere que la deuda sea uno de los temas principales de su campaña a la reelección.

En cualquier caso, es poco probable que Francia apriete su plan de reducción del déficit el año próximo. Pero si Baroin quiere sacar el máximo provecho de los próximos meses debería mantener alerta a los franceses sobre los mercados financieros, que un día podrían no otorgar al país el beneficio de la duda.

Pierre Briançon