TRIBUNA

Guerra de depósitos, ¿quién ganará?

He esperado el día de hoy con expectación, no porque sea el día en que se celebra la Declaración de Independencia de EE UU, sino porque es el día a partir del que supuestamente empezaremos a ver cómo las entidades financieras cambian su política de retribución de los depósitos a plazo. Hoy se cumple un mes desde que el Gobierno decidiera, instado por el Banco de España, que había que introducir un nuevo régimen de aportación adicional a los fondos de garantía de depósitos (FGD) basado en el "riesgo" para poner fin a los efectos perjudiciales ocasionados por la denominada guerra de depósitos. Habría mucho que hablar de ese "riesgo". Pero no quiero distraerme del tema de la política de precios.

Mi hipótesis es que nada va a cambiar, o dicho de otro modo, ¿realmente se puede considerar elevado pagar por los depósitos a plazo (generalmente a un año) tipos de interés nominal próximos al 4%? Creo que hay suficientes razones para considerar que no vamos a asistir a cambios importantes en las políticas comerciales a corto plazo, a pesar de que algunas entidades, que establezcan precios que superen los límites fijados en el real decreto, tengan que hacer aportaciones adicionales al FGD. Así, por ejemplo, las entidades que retribuyan los depósitos año por encima del 3,15% calcularán ponderando en un 500% los importes de los depósitos a efectos de las aportaciones al FGD. En el caso de las cajas, que quizá son las más activas, tendrán que elevar el coste de captar esos depósitos de alta remuneración un 0,50% adicional.

Está claro que la economía española tiene un problema de déficit de ahorro, o dicho de otro modo, un elevado endeudamiento que ha sido necesario tomar para financiar el rápido crecimiento del crédito. Este sobreendeudamiento, evidentemente genera una gran dependencia financiera del exterior, de los mercados internacionales a los que no todas las entidades financieras tienen iguales posibilidades de acceder. Estamos, por tanto, hablando de un bien (el ahorro) que es un "recurso escaso", y por cuya captación todas las entidades tienen que luchar, aun cuando todas no disponen de las mismas herramientas. Pero es que además tienen que luchar, no solo entre ellas, sino con los títulos que emite el Tesoro de España y las emisiones de otros Estados soberanos. Y esto seguirá siendo así mientras no se equilibren los volúmenes de depósitos y préstamos a los que se destinan, o/y no se estabilicen los mercados internacionales de forma que se puedan captar los fondos necesarios para mantener el volumen de crédito y gestionar los vencimientos a futuro de una forma más cómoda. Recordemos que el activo de las entidades financieras constituido mayoritariamente por préstamos para vivienda puede tener una vida media de 15-20 años mientras los depósitos que los facilitan pueden tener una vida media de un año. Con una inflación del 3,8%, ¿de verdad se puede decir que el 4% de rentabilidad de un depósito es elevado? Desde mi punto de vista, no. Otra cosa diferente es que no sea rentable para la entidad financiera. Pero es que además, la deuda pública a dos años arroja una rentabilidad del 3,63%, por encima del umbral marcado por el Gobierno en los depósitos con plazo de vencimiento superior al año (3,15%), y todo como consecuencia de que la prima de riesgo de España siga empeñada en batir un récord tras otro (la semana pasada 290 puntos básicos), en unos mercados financieros internacionales cada vez con mayores estrecheces para poder absorber las emisiones de las pocas entidades financieras españolas que todavía tienen acceso a los mismos (Santander solo consiguió colocar la mitad de su última emisión).

En definitiva, no parece que la guerra de depósitos vaya a cesar, más bien al contrario, pues es posible que se incorporen nuevos bancos que hasta la fecha podían conseguir los fondos de otra manera, sobre todo si tenemos en cuenta que la nueva norma no penaliza a todos por igual. Eso sí, vamos a ver cuán imaginativos son los departamentos de marketing de las diferentes entidades para posicionar sus productos de forma diferencial, sobre todo en un momento donde el principal atractivo con el que han acostumbrado al ahorrador es el precio. Por el contrario, lo que sí se va a conseguir es hacer crecer los FGD, que en los últimos dos años han visto descender su patrimonio como consecuencia de los costes de saneamiento de Caja Castilla La Mancha por casi 3.000 millones de euros; y conseguir más fondos que potencialmente se colocarán en deuda pública o del FROB como se ha hecho hasta la fecha.

Francisco J. SÁnchez Vellvé. Economista