Secretos de despacho

La 'maison' de los colegios

Montserrat Viñamata dirige The Georgian Manor House, asesoría de estudios en el extranjero

Llegar a la oficina de Montserrat Viñamata (Teyá, Barcelona, 1956), fundadora de The Georgian Manor House, es hacerlo a la Barcelona de alto poder adquisitivo. En las calles tranquilas del barrio residencial de Sarriá, esta firma de estudios en el extranjero ocupa un piso decorado sobriamente, con elegantes muebles, cómodos sofás y cuadros elegidos por la propia Viñamata. No hay mobiliario moderno, pero no se tiene la sensación de estar en un lugar pasado de moda, sino más bien en un hogar en el que sus anfitriones tuvieran un gusto sofisticado por los buenos objetos de toda la vida.

"Todo está pensado. Damos la imagen de educación en tu propia casa en una zona muy tranquila y agradable de Barcelona, donde viven la mayoría de nuestras clientas", explica Viñamata, utilizando un femenino que retrotrae al que se usaba en los ateliers de alta costura parisinos. No deja de ser normal para una firma que se vende como una boutique donde se diseñan estudios a medida en el extranjero. "Nosotros buscamos la excelencia, dotamos los currículos de una especialización que los demás no van a tener".

La historia de esta asesoría es la de la propia fundadora. Y esta no ha tenido precisamente una vida convencional. Se ha criado en la aristocracia. Es hija de grandes de España y fue nuera -hasta que se separó del actual duque de Medina Sidonia- de la conocida como la Duquesa Roja. En ningún momento de la entrevista hace referencia a este pasado. Enfrente del entrevistador solo hay una mujer profesional que repite constantemente la frase "mejor, eso no lo publiques" cuando siente que se separa mínimamente de la discreción. "¡Qué horror!", responde cuando se le pregunta por los títulos nobiliarios, "no lo he utilizado jamás en mi vida, es una circunstancia que llevas contigo, sería un error si piensas que por eso se te va a solucionar la vida".

La historia de esta empresa es la de la propia fundadora. Y esta no ha tenido precisamente una vida convencional

En realidad, aunque ella no quería, en su vida la llamaron durante algunos años La Condesa. Así lo hacían los payeses cuando tuvo que volver a la finca familiar para hacerse cargo de la explotación agraria. Allí, en el campo, empezó su preocupación por la enseñanza. "Buscaba un buen colegio en el extranjero para mi hijo. Aprendí mucho porque me encanta la educación. Y acabé educando a los hijos de los vecinos". Así hasta que le ofrecieron dedicarse profesionalmente a la tarea, que le ha llevado los últimos 20 años trabajando para otra empresa.

Pero el pasado enero decidió crear su propia firma, a la que bautizó con el extraño nombre The Georgian Manor House, que evoca a los internados ingleses en casonas británicas de la época georgiana. "Estudiamos detenidamente el perfil del niño y buscamos el colegio adecuado, en un entorno agradable que desarrolle sus talentos. Se hace a medida, sin catálogo", explica. Los clientes que acuden a ella "son padres que comprenden que deben dar a sus hijos herramientas para competir, para trabajar en cualquier parte del mundo". Ha enviado a colegios y facultades del extranjero a hijos de conocidos políticos, empresarios y profesionales del mundillo cultural y del cine.

Incluso ha enviado al extranjero a los propios padres, porque uno de los servicios más demandados actualmente son los cursos de idiomas. "Lo mejor para aprender una lengua es ser joven. Y no tener vergüenza. Para los adultos recomiendo viajes de inmersión. En una semana, se sube un nivel", asegura. Aunque también recibe a directivos que quieren cambiar de campo profesional y que buscan posgrados fuera de España.

Reconoce que sus clientes realizan "un esfuerzo económico importante", pero cree que merece la pena. "En Inglaterra los padres piden préstamos para tener la mejor educación para sus hijos". Eso sí, descarta que se envíe a los niños a colegios solo por la reputación de los centros. "¡Es un error ir a un colegio solo porque tiene nombre! Hay que buscar la diferenciación según el talento que pueda desarrollar el niño", cree.

Y, como convencida de la importancia de la enseñanza, manda un mensaje de cómo cree que España puede salir de la crisis: "En un país como el nuestro, con alta tasa de paro, o se apuesta por la educación o lo tenemos complicado, pero se debe hacer una apuesta por una educación competitiva".

Una mesa centenaria

Estos días en los que acaba el curso académico, la boutique de Viñamata se llena de los clientes que vuelven y de los que salen. Para recibirlos en su despacho, cuenta con una mesa de finales del siglo XIX que heredó de pequeña y que siempre le ha acompañado. Se la llevó a la finca familiar cuando dirigía su destino. "La puse en el zaguán y desde ella despachaba a los payeses". Al abrir The Georgian Manor House no podía faltar, aunque ha dejado la silla que va en el juego. Le acompañan sillas y sofás de época, una mullida alfombra y tres lienzos. "No sé de quién son los cuadros", dice con una repentina amnesia. "Los puse porque me gustaban. No sé si son buenos, aunque creo que sí lo eran. Los compré hace muchos años". "En el despacho quiero que los padres y los niños se sientan en un ambiente acogedor, humano, familiar, porque si no se bloquean" para completar todo el informe previo, donde se incluye un análisis psicológico.

La cuarta pared es un ventanal que se abre a una terracita, con sillas y algunas plantas. "El otro día un directivo me pidió que si podía fumarse un pitillo en la terraza. Parecía que estaba en su casa. Es lo que yo busco".