COLUMNA

Ese algo que se llama confianza

Era el miércoles día 25. Faltaban escasos minutos para que dieran en el reloj las nueve. Sonaba la sintonía que indica la inminencia del inicio del Pleno del Congreso. Después de la victoria abrumadora de los candidatos populares y del castigo inmisericorde padecido por los socialistas en las elecciones municipales y autonómicas del domingo 22, por primera vez volvían a verse las caras, frente a frente, sentados en sus escaños, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y su antagonista, Mariano Rajoy.

En su sitial de la presidencia del Congreso, José Bono invitaba a las señorías retrasadas a que ocuparan sin tardanza sus asientos y pronunciaba las palabras sacramentales: "Se reanuda la sesión". Era la que se oficia cada semana y que se conoce dentro de los usos parlamentarios como sesión de control al Gobierno. Su momento culminante, al menos sobre el papel, son las tres preguntas que para empezar se dirigen al presidente del Gobierno.

La primera del diputado del Grupo de Convergència i Unió Josep Antoni Duran i Lleida. Empieza por declararse fuera de toda lógica la pregunta que enseguida formulará. Se dice a sí mismo que le correspondería "preguntar acerca de lo que se viene debatiendo, si cuestión de confianza, si moción de censura, si elecciones anticipadas", pero se inhibe. Al parecer lo que preocupa a su grupo es cómo piensa el Gobierno atender a más personas dependientes con menos dinero en 2011 sin pasar la factura, trasladar una vez más el déficit a las comunidades autónomas.

O sea, una vez más qué hay de lo mío. La respuesta de Zapatero consistía en una recapitulación de las políticas sociales de su Gobierno sin referencia alguna al futuro de su sostenibilidad. Luego ensayaba pases de adorno a propósito de la reforma de la negociación colectiva que ayudará a transmitir confianza y contribuirá a la recuperación económica. Confianza iba a ser en adelante la palabra clave.

La segunda pregunta era del diputado Joan Ridao Martín. Del grupo de Esquerra Republicana y afines asimilables. Inquiría sobre el cambio de orientación política del Gobierno después de un proceso electoral que había evidenciado el descontento ciudadano. Aceptaba que la crisis había fulminado doce Gobiernos en Europa y confirmaba que no pediría un adelanto electoral porque quienes representa para nada desean la vuelta de la derecha al poder, más bien aspiran a que algún día de estos volviera la izquierda al Gobierno. Tampoco, dijo, suscribiría una moción de censura porque los sumandos contra el Gobierno desertarían de ofrecer su respaldo al previsible candidato alternativo, Mariano Rajoy. Sucedió entonces algo desconcertante.

El presidente Zapatero, después de lo escuchado, fiel reflejo del texto que Ridao había remitido por escrito anticipadamente, respondía que dudaba si iba a ser preguntado sobre las hipotecas, que estaban fuera de cuestión.

La tercera, estaba asignada a Mariano Rajoy. Cuando Bono mencionaba su nombre para darle la palabra estalló una ovación de gala, como la tributada la tarde del miércoles en Las Ventas, donde todavía reverberaba el recuerdo de los triunfos de José María Manzanares unos días antes y de Juan Mora en la feria de otoño. Mariano Rajoy excluía cualquier alusión al resultado electoral del domingo. Iba derecho al lema del paro, de la cifra total de desempleados y ponía énfasis especial en el paro juvenil por encima del 40%. Quería saber la opinión del presidente Rodríguez Zapatero. Era negativa. Pero la culpa la tenía el empedrado, es decir la crisis.

En su réplica, Rajoy mencionó un plan de empleo para jóvenes que el PSOE votó en contra y que como es por completo desconocido ahora alguien debería exhumar para su debido análisis. Pero Rajoy se dejaba de detalles superfluos y afirmaba que "hay algo clave en la economía que es determinante para que haya inversión y, por tanto, se genere empleo y riqueza. Ese algo se llama confianza y su Gobierno no inspira confianza ni dentro ni fuera de España, ni ya es posible que pueda recuperar esa confianza". Para Zapatero, lo que han cambiado son las circunstancias pero está convencido y tiene plena confianza en lo que está haciendo. De la confianza de los demás no responde.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista