Cinco Sentidos

Hollywood no tiene la exclusiva de las superproducciones

'Confucio' se estrena en junio, pero buena parte de las películas más caras de cada país no han llegado a España.

El año pasado se estrenaron películas entre las más caras de su historia en tres de los cinco principales países productores de cine del mundo: Nigeria, India y China. Solo la que consiguió este honor en ese último mercado, Confucio, con 30 millones de euros, está previsto que pase por las pantallas españolas. Aunque su inversión de 30 millones de euros está lejos del récord de 300 millones de dólares -210 millones de euros- que costó la tercera parte de Piratas del Caribe, que supone la mayor inversión de la historia del cine en una sola película, las cinematografías de todo el mundo parecen lanzadas en busca de récords.

De hecho, si se actualizan los presupuestos con la inflación, la película más cara de la historia -según la revista Variety- es de hecho una producción soviética: la versión de Guerra y paz de ocho horas de metraje que Sergei Bondarchuk dirigió y protagonizó en 1968, y que doblaría el presupuesto de la citada película de Johnny Depp. Entre otras cosas, por una reproducción de la batalla de Borodino de 40 minutos de duración que congregó a 120.000 extras.

En esa época, varios países del Este más se lanzaron al rodaje de espectáculos majestuosos para competir con el cine de Hollywood. Para el rodaje de Faraón, el polaco Jerzy Kawalerowicz reprodujo la flora del Nilo -con lotos y palmeras- en un lago de su país. Por su parte, Tito en persona coordinó la financiación de la superproducción yugoslava La batalla del Neretva, en la que se construyeron cuatro poblados y un puente que se voló dos veces al servicio de un reparto estelar con Yul Brynner, Orson Welles, Franco Nero y el citado Bondarchuk.

El poder francés

En balance, Francia ha sido el país que ha producido más películas de habla no inglesa, por utilizar la terminología de la Academia de Hollywood, con presupuestos por encima de los 30 millones de euros a lo largo de la historia. De las 25 películas no anglosajonas más caras de la historia, 10 son francesas. Astérix en los Juegos Olímpicos es de hecho en términos absolutos el filme más caro rodado fuera de Hollywood.

Hoy la posibilidad de llevar a cabo grandes producciones se ha generalizado. India, que durante años fue la principal productora en términos numéricos, presentó en agosto del pasado año Enthiran, una épica cinta de ciencia ficción de casi tres horas de duración y con un presupuesto récord de 30 millones de euros para un sorprendente despliegue de efectos especiales. La película se estrenó en Estados Unidos y ganó un rápido estatus de culto por su mezcla de tecnología enloquecida y estética kitsch bollywoodense.

Sin embargo, otro país ha arrebatado recientemente a India el liderato en términos de producción anual: Nigeria. Registra unos 1.200 filmes al año, eso sí, con rodajes caseros y unos costes a veces nulos. Nollywood apostó también por la ciencia ficción para su gran lanzamiento de 2010, Kajola, si bien tanto el gasto -unos 600.000 euros al cambio- como el resultado artístico, con efectos de ordenador muy malos para reproducir la ciudad de Lagos del año 2049, resultaron bastante precarios. Los medios nigerianos calificaron unánimemente su mayor producción hasta la fecha de fracaso.

A diferencia de las citadas, la mayor parte de las películas récord de cada país han tenido como objeto temas de interés sobre todo para el público local. Es el caso de esta Confucio que llegará el mes próximo a España, una producción respaldada por el Gobierno chino en la que el héroe de acción Chow Yun-fat da un giro a su carrera encarnándose en el filósofo. La otra película china más cara, Acantilado rojo (2006), coproducción con Estados Unidos, puso 60 millones de euros a las órdenes de John Woo.

El récord para Corea del Sur -20 millones de euros- lo tiene Joint Security Area (2001), sobre un incidente fronterizo con Corea del Norte, y tampoco vista en España. En Japón los mayores presupuestos han sido invertidos en películas de animación de distribución internacional, empezando por Ponyo en el acantilado (2009), con más de 25 millones de euros.

Las dos películas más caras de la historia del cine español no aparecen habitualmente en los listados de este tipo, porque fueron rodadas en inglés. Se trata de Ágora, de Alejandro Amenábar (50 millones de euros) y Planet 51, el filme de dibujos animados (45 millones), ambas de 2009. En español, encabeza la lista con 30 millones El capitán Alatriste (2006), que reproduce el esquema de la mayor parte de estas películas de récord inversor: tema local y escasa distribución en otros países.