Soluciones anti-crisis

El 'car-sharing' acelera su marcha en España

Alquilar un coche por breves periodos de tiempo ya no es una práctica tan inusual en nuestro país. La pionera Avancar ha superado la barrera de los 5.000 socios esta semana. Y al menos ocho iniciativas similares se han puesto en marcha en poco más de un año.

Tarjeta magnética para la entrada al vehículo
Tarjeta magnética para la entrada al vehículo

El invento nacido en Zurich proporciona movilidad al 8% de la población helvética. Y aunque España nunca será Suiza, el llamado car-sharing está desarrollando una tendencia que bien puede sorprender a los escépticos. La barcelonesa Avancar, activa desde 2005, ha anunciado esta semana que su número de usuarios se ha incrementado un 38% en un año, superando los 5.000 asociados. Desde principios de 2010, el negocio ha florecido en otras grandes ciudades españolas. Madrid sigue el ejemplo de la ciudad condal y ahora cuenta con cuatro empresas en el sector. Bilbao, Valencia y Sevilla no han tardado en acoger la inciativa.

El car-sharing es, sin embargo, una modalidad de alquiler de vehículos aún poco conocida en nuestro país. Se diferencia del renting, el alquiler habitual, en que el usuario puede contratar el servicio por cortos periodos de tiempo, habitualmente una hora. Resulta atractivo para aquellas personas que hacen un uso ocasional de un vehículo, por ejemplo, para una mudanza o carga de mercancías. Este sistema surgido en la década de los 90 está ya muy consolidado en casi toda Europa, y es irónicamente en la endeudada periferia donde aún encuentra resistencia.

El recelo español quizás se deba al "sentimiento latino de la propiedad", según Andoni Bengoetxea. El fundador de la bilbaína Clickcar cree que el despegue tiene mucho que ver con la crisis. "El siglo XX fue el de un consumo acaparador, mientras que el XXI marca el inicio de un consumo más colaborador", reflexiona, señalando que el éxito del car-sharing "no habría sido posible sin Internet". En efecto, gracias a la conexión del vehículo a la Red se pueden conocer instantáneamente datos como el consumo, los kilómetros recorridos o el nivel de depósito. Y además, permite al cliente localizar los vehículos libres y su horario de disponibilidad, no así aquellos en circulación, "para respetar su privacidad".

Bengoetxea compara el procedimiento al de un contrato telefónico: "Se da de alta al usuario, asignándole nombre y contraseña, y se le entrega un PIN y una tarjeta que abre el coche al acercarla. Dentro está la llave para arrancarlo". Las tarjetas de su grupo sirven ahora también para cualquier usuario de la capital, gracias a una colaboración con la madrileña Bluemove, que de momento sólo trabaja con empresas. "Compartimos nuestra tecnología con cualquier iniciativa que quiera implantarla en su municipio", indica el bilbaíno.

Muchas empresas, pocos coches

La flota de los incipientes en el sector ronda los 20 vehículos, muy lejos de los 120 de Avancar. La catalana, que cuenta con 42 aparcamientos distribuidos en Barcelona, Sabadell, Sant Cugat y Granollers, es fruto de la cooperación de instituciones públicas como el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) y grandes empresas privadas como Acciona. El origen está en la Carta de Aalborg de 1994, con diversos proyectos de sostenibilidad en varias ciudades europeas. En ella se propuso un peaje en el centro de Londres, el fomento de la bicicleta en Berlín y, en el caso de Barcelona, el desarrollo del car-sharing.

El Plan Movele 2009-2010 ha permitido asimismo el impulso del coche eléctrico. Al calor de esta idea gubernamental han surgido compañías como e-Sharing, en Valencia, Cochele, en Sevilla, o Sarecar, en Guipúzcuoa, con un 100% de vehículos sin combustión. Son iniciativas más respetuosas con el medio ambiente, pero presentan el problema de que una recarga dura en torno a ocho horas, durante las cuales el vehículo no puede estar disponible. Otras empresas como Respiro, en Madrid, quieren introducir coches eléctricos en 2012, mientras que Hellobyecars, también en Madrid, prevé contar con híbridos a partir de otoño. Connect by Hertz, la primera en instalarse en Madrid, y la bilbaína Ibilkarri completan, de momento, el set de empresas car-sharing en España.

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Comprar un vehículo comporta muchos gastos y trámites adicionales, además del problema medioambiental que supone contar con un parque automovilístico cada vez mayor. La necesidad, agudizada por la crisis económica, de recurrir al ahorro y la eficiencia energética hacen del car-sharing una modalidad atractiva y adaptada a las necesidades de cada usuario.

El precio medio del car-sharing ronda los 4 euros por hora, a los que se añade una media de 25 céntimos por kilómetro recorrido. La mayoría de las compañías solicitan una cuota anual en torno a los 60 euros, y algunas de ellas exigen fianza, que suele ser de 100 euros. Hay programas especiales para empresas, y en función de la asiduidad del cliente, también se ofrecen planes personalizados.

Otra opción es el car-pooling, en el que la empresa no cuenta con una flota de vehículos propia, sino que se limita a poner en contacto a un conductor dispuesto a acoger pasajeros con un viajero que solicita ese mismo trayecto. El sistema es muy conocido en los países de habla germana. En España, plataformas como Comuto, Amovens o conduzco.es tratan de promoverlo.