Gastronomía

Las suites más exclusivas se disfrutan mejor con vino

Los proyectos enoturísticos crecen en regiones con escasa infraestructura hotelera.

Bodega de Yllera en Rueda.
Bodega de Yllera en Rueda.

Diversificación de las fuentes de ingresos, fidelización del cliente con una experiencia integral, mejor comunicación de los valores de la marca, posibilidad de llegar a diferentes públicos... Los argumentos a favor de emprender iniciativas turísticas resultan incontestables en un mercado en el que la diferenciación y el posicionamiento de la marca se consideran una cuestión de supervivencia.

El enoturismo español es un sector en progresión. En él conviven hoteles de cinco estrellas con casas rurales. Pioneros, como el hotel Marqués de Riscal en Elciego (Álava), con recién llegados, como el Wine Oil Spa, situado en el término de Laguardia, en La Rioja Alavesa -y premiado recientemente como el mejor establecimiento turísitico en los galardones de enoturismo de las Rutas del Vino de España (Acevin)-. Destacan las iniciativas emprendidas por firmas vinícolas de prestigio, como grupo Faustino, que acaba de inaugurar en Burgos las nuevas instalaciones de Bodegas Portia, cuyo diseño ha sido firmado por el arquitecto británico Norman Foster.

El protagonista, en cualquier caso, sigue siendo el vino y la gran oportunidad que ofrecen estos bodegueros es la posibilidad de disfrutar de algunos de los caldos más exclusivos del panorama vinícola español en un entorno muy selecto, ya sea por la calidad del establecimiento hotelero o por la tranquilidad de las ubicaciones.

Según el Observatorio Turístico de las Rutas del Vino de España, el enoturista prefiere las estancias cortas, de 2-4 días. El gasto que realiza por cada día de estancia, 107,12 euros, supera la media del turista español, situado en 98 euros. Se deja guiar por el "boca a oreja" para elegir su destino y suele ser español (solo dos de cada diez proceden de otros países).

Abrir un hotel, un spa o un restaurante, sin embargo, representa una dificultad añadida para los bodegueros. "Explotar una bodega es una actividad agrícola e industrial, pero gestionar un establecimiento hotelero consiste en dar un servicio" con una muy distinta problemática, explica la gerente de la Ruta del Vino Ribera del Duero, Cristina Prat, quien resalta que muchas bodegas tienen una experiencia nula cuando se inician en esta actividad. Entre los principales desafíos cita la asimilación de un modelo de gestión distinto, la contratación de personal especializado y la necesidad de estar abiertos 24 horas.

La evolución de la oferta enoturística demuestra que las ventajas se imponen a las dificultades. "El enoturismo se presenta como un canal de venta directa al consumidor final y, con una estrategia de marketing adecuada, estos consumidores pueden convertirse en prescriptores en su ámbito de influencia", afirma el presidente del Consejo Regulador de la DO Calificada Rioja, Víctor Pascual.

El valor de la tradición

El crecimiento de este tipo de establecimientos ha sido particularmente rápido en aquellas denominaciones de origen que cuentan una larga tradición de elaboración de vinos y una escasa infraestructura hotelera, como Ribera del Duero y La Rioja. Son las que disponen de más hoteles del vino, pero además se sigue construyendo, como el grupo Pesquera, que está a punto de terminar el suyo en la localidad de Peñafiel (Valladolid).

"Es lógico y normal que el turista prefiera lugares como Ribera del Duero o La Rioja, porque son las mayores productoras del factor esencial de esta actividad: el vino", indica Prat. En otras, como el Penedés o Jerez, vemos turistas que llegan al destino atraídos por el sol y playa, y deciden dedicar un día de sus vacaciones a visitar una bodega.

Marqués de Riscal. Arquitectura de autor para La Rioja

Elciego no ha vuelto a ser el mismo después de que el hotel Marqués de Riscal abriera sus puertas en 2006. La imponente figura del hotel se ha convertido en un icono del potencial vinícola de La Rioja alavesa y ha elevado la conexión del norte de España con su creador, Frank Gehry, autor igualmente del Museo Guggenheim.

El arquitecto, que también se encargó de la decoración interior con mobiliario de Alvar Aalto y B&B, se ha convertido en una enseña para el establecimiento, de cinco estrellas y gestionado por la cadena Starwood, de tal forma que su suite más exclusiva ha sido bautizada con su nombre, así como uno de los mejores vinos producidos por las bodegas Herederos de Marqués de Riscal.

En el vino Frank Gehry 2001, que fue embotellado en 2003, destacan los aromas a especias y fruta madura. Hará las delicias de los visitantes que disfruten de la suite Gehry y de sus vistas privilegiadas sobre el casco histórico y la iglesia de Elciego. Un restaurante de lujo, un bistró, una vinoteca y un centro de tratamientos de belleza completan las instalaciones de Marqués de Riscal.

Cosme Palacio. Para los románticos, una mirada al pasado

Ubicado en la antigua bodega del grupo, el hotel restaurante Cosme Palacio permite a los turistas conocer de primera mano el proceso actual de producción de los vinos de la bodega riojana Cosme Palacio, pero también familiarizarse con los sistemas tradicionales.

El edificio de líneas clásicas que alberga el hotel fue construido en el siglo XIX según los cánones de la época y, tras su abandono, fue rehabilitado en los años noventa para acoger el hotel. Su maravillosa suite Tempranillo está orientada a las laderas sobre las que se extienden los viñedos de la firma.

La apuesta de Cosme Palacio -perteneciente al grupo Hijos de Antonio Barceló, que también posee bodegas de las denominaciones de origen Ribera del Duero, Toro y Rueda- tiene a la gastronomía y al vino como protagonistas. En su restaurante los clientes pueden degustar platos riojanos de temporada acompañados por vinos tan excelentes como este Glorioso.

De una de las mejores añadas recientes, la de 2007, ha sido elaborada exclusivamente con tempranillo. Tiene aromas de lavanda y frutos rojos, y pertenece a una línea de vinos creada en 1928 por la bodega.

Can Bonastre. Una escapada a 35 minutos de la ciudad

El hotel Can Bonastre, en cuyo complejo también están ubicados un restaurante y un spa, aparenta un oasis de vino a solo un paso de la gran ciudad. Le separan 35 minutos en coche de Barcelona, en el término de Masquefa, y está ubicado en una finca de 100 hectáreas cubiertas de viñas y vegetación. Con un tamaño boutique, solo tiene 12 habitaciones. Uno de sus principales encantos es que tanto el hotel como el spa tienen vistas a las montañas, y en concreto a Montserrat.

La finca tiene sus orígenes en un pequeño núcleo poblacional llamado Bonastre y construido alrededor de la capilla de Santa Magdalena, hoy desaparecida, de la que se tiene constancia desde el siglo XI. Para combinar con su mejor habitación, los dueños del hotel sugieren el Nara 2007, un vino producido a partir de las variedades syrah, cabernet sauvignon y merlot, con una crianza de 12 meses en barrica de roble francés.

De color rojo cereza, posee aromas intensos de ciruela y chocolate, también vainilla, y deja un sabor persistente en boca. Todos los sábados y los domingos Can Bonastre organiza una visita guiada por su bodega.

Arzuaga. La singular conexión entre algas y viñedos

La apuesta enoturística de Bodegas Arzuaga-Navarro tiene como protagonista su spa. El hotel de la firma, situado en Quintanilla de Onésimo, cuenta con todo un templo de la relajación donde se imparten terapias relacionadas con la vinoterapia. Los productos elaborados a partir de uva, y de hollejos, tienen hasta tres veces más polifenoles que otros antioxidantes, de ahí su capacidad para evitar los efectos del envejecimiento. El spa cuenta además con cinco cabinas dedicadas a la thalasoterapia, en las que se utilizan cosméticos que tienen algas marinas como materia prima, un vegetal que también se utiliza como abono en las viñas de Arzuaga.

Para celebrar una velada de ensueño en la mejor de sus habitaciones, la suite Gran Arzuaga, los bodegueros sugieren el Gran Arzuaga 2008, un vino con mezcla de tinto fino, cabernet sauvignon y uva blanca del país, elaborado con racimos de algunos de los viñedos más antiguos de la firma.

Para la elaboración de este caldo, la firma intentó evitar procesos químicos para la estabilización del vino durante su crianza, de 20 meses. La decantación natural aporta untuosidad y profundidad al vino.