TRIBUNA

Baile de cifras en Pekín

El road show o presentación ante inversores en Asia del Gobierno español ha quedado algo desdibujada a causa de un curioso malentendido, un baile de cifras que sin duda habrá extrañado a muchos españoles, decepcionado a las cajas de ahorros y alegrado a las filas de la oposición. Aquellos que han tenido la oportunidad de participar en reuniones de trabajo con chinos sabrán de los habituales malentendidos y errores de comunicación, incluso si se dispone de los mejores intérpretes. Cuando las reuniones abordan números, las dificultades se multiplican, habida cuenta de que los chinos utilizan un sistema algo distinto de numeración, y se pueden confundir las cifras, aunque conviene repetirlas varias veces, anotarlas y contrastarlas. Los millones se pueden fácilmente convertir en millardos y los millardos en billones, con ceros apareciendo y desapareciendo por arte de magia, más aún si ponemos por medio traducciones al inglés americano, con sus ubicuos billones.

A algunos nos pareció un gesto de extrema generosidad que el fondo soberano CIC destinara un 30% de sus ingresos operativos y un 5% de su cartera total para cubrir hasta el 60% de las necesidades de financiación estimadas para todas las cajas españolas. Más aún cuando el propio CIC había ido modificando paulatinamente su política de inversión en los últimos años, para alejarse de activos occidentales dudosos y centrarse en sectores estratégicos para su propio país. Quedan lejos ya aquellos días de 2007 en que CIC acudió al rescate de Wall Street gastando 3.000 millones de dólares en Blackstone y 5.500 en Morgan Stanley. En su lugar, sus recientes inversiones incluyen una empresa de logística agrícola de Hong Kong, una petrolera kazaka, la energética americana AES, un fabricante chino de silicio y un grupo minero australiano. Sin lugar a dudas, los buenos oficios del Gobierno español, del incombustible embajador Bregolat, de la CECA y de las propias cajas han surtido efecto y CIC materializará en breve algunas inversiones en este maltrecho sector. Aunque las cifras anunciadas inicialmente son poco creíbles ahora y para las cajas, sí podrían ser un objetivo a medio o largo plazo para el conjunto de las inversiones de CIC en España y empresas españolas. El pasado año, CIC se interesó por algunas constructoras españolas cotizadas con intereses en América Latina, otra de las regiones estratégicas para China. Así, Gobierno y empresas españolas deberían promover con frecuencia presentaciones como las de estos días para dar a conocer nuestros sectores más competitivos e internacionales.

Sin perjuicio de las inversiones directas que CIC finalmente materializará en ciertas entidades de ahorros, el Gobierno español deberá resignarse para el resto de cajas con una vía indirecta. Esto es, la capitalización mediante el FROB y la posterior emisión de deuda pública, un activo seguro y líquido. Los bonos españoles han cosechado un éxito importante en Asia, aunque pronto deberán afrontar la competencia de nuevas y cuantiosas emisiones desde un Japón necesitado de ingentes recursos para su reconstrucción. Conviene cerrar cuanto antes la transformación de nuestro sector financiero y captar los recursos necesarios en Asia o donde convenga. Aunque no veamos los 9.000 millones de CIC, en las actuales circunstancias cualquier cifra que nos ofrezca el nuevo Mr. Marshall de Oriente será más que bienvenida.

Jacinto Soler-Matutes. Socio director de Emergia Partners y profesor de la Escuela de Asia Oriental de la Pompeu Fabra (UPF)