Análisis

España es solvente, pese a los agoreros

"España evita el rescate... de momento". Con esa inquietante frase titulaba el jueves el diario británico The Guardian un artículo sobre el impacto de la petición de ayuda portuguesa en nuestra economía. Ese "...de momento" invita a pensar en una larga lista de debilidades enunciada en el texto, que harían inevitable el fatal desenlace en un futuro no muy lejano. La lectura del mismo, en cambio, no aporta nada parecido.

æscaron;nicamente se refiere a la importante cantidad de deuda de Portugal que mantienen los bancos españoles, y a que ese país es el destino del 8,5% de las exportaciones españolas. Una vuelta a la recesión de Portugal, sostiene, se dejaría notar en España. De acuerdo, pero, ¿hasta el punto de provocar una petición de rescate? Si el comercio portugués se ralentizase un 5% (que ya es decir), eso repercutiría en un las ventas españolas al exterior se verían aminoradas en un 0,4%. No parece alarmante. En cuanto a la exposición de los bancos, parece proporcionada a las relaciones económicas bilaterales, y escalable a la de los alemanes respecto a países ya rescatados como Irlanda y Grecia.

El mismo articulista cita fuentes del Gobierno español descartando el rescate (sin duda, no es el organismo más imparcial para pronunciarse), pero también una sola fuente privada: Credit Agricole. En una nota a sus clientes, el banco francés sostiene que España no seguirá a Portugal "debido a la mejora de su situación fiscal y a la recuperación de su economía". Ahí termina el artículo. Entonces, ¿por qué el "...de momento"?

Desde el inicio de la crisis de deuda en Europa, la prensa anglosajona ha puesto todo de su parte para presentar a España en su tan querido grupo de PIGS, y abocarla, por tanto, al rescate tardío o temprano. Pocos analistas apuestan ya por él: la existencia del mecanismo de rescate permanente ha relajado sensiblemente las presiones sobre la deuda española. De hecho, el diferencial del bono a 10 años respecto al bund alemán (el paradigma de la solvencia) se ha instalado en los últimos días en los 180 puntos básicos, sin sufrir por la petición de rescate de Portugal. El diferencial se mantiene así lejos de los máximos de noviembre, y desde luego a años luz de los que padecen Portugal, los otros componentes del infausto acrónimo PIGS.

Los ataques de medios y mercados pudieron tener sentido mientras el Gobierno español se empecinaba en una imposible "salida social" de la crisis, pero pocos dudan ya que, desde mayo del año pasado, el Ejecutivo ha optado por la vía del ajuste y las reformas aun a costa de la inmolación política de su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. De ese modo se cumplió el objetivo de déficit público del año pasado, y la vicepresidenta Económica, Elena Salgado, ya ha reconocido que en 2012 habrá más ajustes de gasto para compensar el menor crecimiento esperado. Mientras, la deuda pública crece pero se mantiene lejos de los niveles de países como Francia o Alemania (no digamos ya Italia), gracias a un punto de partida previo a la crisis especialmente saneado.

La cuenta por resolver afecta a las cajas. La situación es compleja, y todavía está pendiente de culminar un proceso de reestructuración imprescindible a la vista de los excesos inmobiliarios y el elevado importe de los activos dudosos. Pero no es menos cierto que solo dos pequeñas entidades han sido intervenidas hasta ahora, cuando países como Alemania, Estados Unidos o el Reino Unido del propio The Guardian tuvieron que nacionalizar hace varios años grandes porciones de su sistema bancario para evitar el desplome.

Deuda más barata

El mejor botón de muestra de la solvencia esperada del deudor aparece cuando pide más dinero. España lo hizo este jueves, un día después del rescate de Portugal. En estas difíciles condiciones, el Reino cerró su primera emisión de deuda de abril con una fuerte cobertura y un tipo de interés ligeramente a la baja frente a la anterior emisión (un 3,6% para los 4.130 millones de euros en bonos a tres años).

El responsable del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, Klaus Regling, aseguró ayer que el rescate de Portugal ayudará a evitar el contagio a países como España: "Los mercados aprecian la diferenciación entre la deuda portuguesa y la española, como muestran sus trayectorias contrarias en las últimas semanas", explicó. A su juicio, la deuda pública de España "tiene mercado".

Pese a la insistencia de The Guardian, el artículo más reciente del Financial Times, la biblia del periodismo económico, alaba las recientes reformas españolas, y algo parecido sucede con The Economist. Todo ello no debe llevar, ni mucho menos, a la condescendencia. Como reconoce el ex ministro de Economía Pedro Solbes, la subida de tipos de interés decretada el jueves por el Banco Central Europeo "no es la medida ni el tiempo óptimo para España", por lo que el país "tendrá que ajustarse con otras medidas". El propio presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, sugirió el jueves a los países más perjudicados por la subida —que encarecerá las hipotecas y lastrará el consumo y la inversión— que compensen la misma con más reformas y ajustes. En este punto, la renuncia de Zapatero a concurrir en las elecciones generales del año que viene sirve debería servir para afrontar sin cortapisas políticas el último tramo del ciclo reformista. España ha conseguido salir del foco de los mercados;_su tarea pasa por no volver al mismo y consolidar la vía de la recuperación.