Un futuro desde la supervivencia

El tortuoso camino de regreso a una nueva normalidad

Japón afronta el futuro con estoicismo tras dos décadas de estancamiento económico

Dos ciudadanos pasean entre las ruinas de Kamaishi, en la prefectura de Iwate
Dos ciudadanos pasean entre las ruinas de Kamaishi, en la prefectura de Iwate

En cuestión de minutos, la catástrofe trastocó el día a día de millones de japoneses. Mientras los televisores mostraban imágenes de la llegada del tsunami, casas destruidas y del problema radiactivo de Fukushima, las vidas de los habitantes del archipiélago cambiaban. Los ávidos consumidores de productos de electrónica y novedades de todo el mundo se transformaron en individuos conservadores interesados en hacer acopio de víveres básicos. La cultura del consumo fue reemplazada por la de la supervivencia.

Entrenados desde la infancia a actuar racionalmente ante una tragedia, los japoneses reaccionan de forma tranquila ante los pequeños terremotos que, casi cada mes, se sienten en algunas regiones. Pero el seísmo de la semana pasada ha roto todos los cánones. La secuencia de tres tragedias seguidas (terremoto, tsunami y amenaza nuclear) en pocas horas ha trastocado la percepción del futuro de los ciudadanos.

Desastre imprevisto

"Ni los japoneses más pesimistas imaginaban una catástrofe de semejante envergadura. La reacción en los supermercados, la compra de productos de primera necesidad y la repatriación del ahorro son muestra de que el desastre ha sorprendido a la población", explica el doctor en cultura japonesa por la Universidad Kokugakuin y coordinador del máster de Estudios Japoneses de la Universidad de Salamanca, Alfonso Falero, que vivió casi una década en el país asiático.

De muestra, un botón. En la zona comercial de Shibuya, en pleno centro de Tokio, una urbe con 12 millones de habitantes, Marcio Masuno, de 42 años, tiene dificultad de encontrar arroz y leche para su familia. Este brasileño de ascendencia nipona busca desde hace dos días en varios mercados los productos básicos. "En casa, el arroz se está acabando y tenemos poca leche. Hace dos días que no consigo comprarlos".

Las estanterías de productos básicos están vacíos. Además del arroz y la leche de Masuno, faltan agua, pan, pasta instantánea, galletas, papel higiénico, pañuelos, lámparas y baterías. Es decir, el listado de objetos que el Gobierno recomienda tener para emergencias. Por el contrario, hay alimentos que requieren una cocción prolongada y botellas de vino, incluso español. Son productos ahora superfluos para los nipones.

Masuno trabaja en un restaurante en Shibuya. Para los japoneses comer fuera de casa era frecuente en tiempos de bonanza. Pero ya no. El movimiento en el restaurante gestionado por Masuno ha caído alrededor del 90% en los últimos días. Sin clientes, 13 de los 20 empleados han sido despedidos. Todos eran temporales. Y los salarios de los siete que continúan han sido rebajados un 30%. "El sueldo será repuesto gradualmente cuando mejore la cosa", indica el gerente.

Ahorrar dinero, energía y combustible son prácticas habituales entre la población. "Pero estamos en una situación más fuerte. El discurso del emperador en la televisión da cuenta de la gravedad del asunto. Ha pedido a los ciudadanos que mantengan un comportamiento ético y cívico", indica el doctor en cultura japonesa. Para Alfonso Falero, es posible que la sociedad mantenga esa actitud hasta que los gobernantes pidan algo nuevo. "La sociedad japonesa necesita de un liderazgo para afrontar cambios". Este experto cree que la ciudadanía puede transitar hacia un punto de inflexión. "La reconstrucción tras la II Guerra Mundial se basó en nuevos principios. Quizá la recuperación de la tragedia sea con nuevos parámetros y Japón podrá despertar".

Paciencia, esfuerzo y armonía para salir adelante

Japón sufre una tragedia en plena crisis de confianza. La economía se encuentra estancada desde los años noventa y la nación afronta un serio desafío de envejecimiento demográfico. Además, el que fuera primer gran modelo de desarrollo fuera de Occidente, ha cedido protagonismo. En 2010, China rebasó al país del sol naciente como segunda potencia económica mundial.

Este contexto lleva a algunos de sus ciudadanos a reflexionar. "Creo que la economía japonesa no volverá a ser tan fuerte como antes. Dejaremos a China el desarrollo económico y espero que Japón pueda encontrar un nuevo modelo de calidad de vida", indica Yusuke Yoshii, japonés residente en España. Y recuerda cómo la generación de sus padres "es muy diligente con el Gobierno. Los jóvenes se cuestionan más la autoridad".

Pero la amenaza nuclear sacado a relucir los valores básicos de la sociedad nipona, informa Eduardo G. Ercoreca. "Siempre ha habido muchos japoneses con talento que pueden afrontar los desafíos", señala Yoshii. Y agrega, "pilares de nuestra cultura como gaman (paciencia), doryoku (esfuerzo) y chouwa (armonía) son imprescindibles en esta situación".

Combustible aéreo

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) informó el viernes de que la mayoría de los aeropuertos nipones tienen combustible para los próximos 10 días y pronosticó un impacto negativo en el transporte aéreo mundial por la crisis creada por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo. "Algunas infraestructuras clave de combustible en Japón han resultado dañadas", dijo. El organismo está "coordinando acciones entre las aerolíneas para maximizar el combustible existente".