La situación de las cajas

La obra social de las cajas, ¿en peligro de extinción?

La reconversión de las entidades en bancos menguará una labor que ya sufre las consecuencias de la crisis.

La obra social, seña de identidad por excelencia de las cajas de ahorros españolas, está en peligro de extinción. Tanto como lo están las propias entidades. La transformación de la mayoría de estas firmas -si no de todas- en bancos, para cumplir los requisitos de solvencia exigidos por el Banco de España, promete menoscabar con fuerza su compromiso con la comunidad. Una labor que sufraga, con miles de millones de euros anuales, centenares de actividades culturales y educativas, así como de conservación del patrimonio histórico o para la proporción de cuidados sociosanitarios. Un sector que crea más de 33.000 puestos de empleo al año, y que podría dejar de ser la cara pública de estas oficinas.

Hasta el momento, las cajas de ahorros pueden dedicar hasta un 50% de los beneficios que obtienen cada año a obra social. La media de los últimos años ronda el 20%. Un margen que ya ha sufrido duros recortes como consecuencia de la actual crisis. Si en 2008 dicha cuantía ascendió a 2.058 millones de euros, en 2009, último ejercicio del que se disponen datos, la cantidad cayó hasta 1.775 millones, según la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA). Las primeras estimaciones establecen que durante 2010 el montante caía ya a los 1.400 millones, retrocediendo a niveles de 2005. El cambio que se avecina, no obstante, amenaza con cercenar aún más drásticamente el montante que se devuelve a la sociedad. La creación de los sistemas institucionales de protección (SIP) convierte a las cajas en simples accionistas de un banco, restándoles su papel de agentes financieros. Así, en las nuevas entidades conformadas, como en el caso de Bankia (que agrupa Caja Madrid, Bancaja y otras cinco firmas), el primer paso será repartir los beneficios entre los diferentes inversores. Será después, de la parte que corresponda a cada caja, de donde pueda tomarse una porción para destinarla a obra social.

El problema no acaba ahí. Ante la necesidad de atraer inversores que entren en los nuevos bancos creados, las cajas están optando en muchos casos por reservarse los llamados activos tóxicos (el excedente inmobiliario, mayormente) dentro de cada casa, pasando el resto a la flamante SIP que hayan compuesto. Esto significa que las cajas se verán obligadas a ir provisionando dinero para compensar los títulos malos de sus balances. Es decir, que del trozo del pastel de los beneficios que les correspondan, una buena parte estará ya comprometida. En consecuencia, los expertos coinciden en que para la obra social ya solo restarán las migajas.

"Lo del banco malo tiene un límite, todas lo harán, pero solo están poniendo los activos tóxicos fuera de la vista. La fundación la caja deberá provisionar el deterioro de estos activos con los dividendos que obtenga del banco. Esto supone decir adiós a la obra social", asume un analista del sector.

"Las cajas ahora van a ser bancos, y se gestionarán desde un punto de vista privado. Con una serie de inversores a los que repartir dividendos, el porcentaje que se destine a obra social quedará relegado a un segundo plano. Se seguirá haciendo, pero será más bien de forma voluntaria. Se dedicará a ello lo que permita cada estructura, una vez descontado el beneficio dedicado a reforzar capital, la parte que se distribuya a los inversores y lo que vaya para crecimiento de la entidad", apunta Nuria Álvarez, de Renta 4. "Y más aún si el banco cotiza en Bolsa. Ahí se van a encontrar con obligaciones y responsabilidades que antes no tenían. La obra social tendrá que buscarse otras fuentes de financiación, porque si algo está claro es que las cajas les van a dar menos dinero", concluye.

Desde el sector, sin embargo, defienden que harán todo lo posible por mantener su compromiso con la ciudadanía. "Habrá que ver cómo evoluciona todo, pero sobre el papel, la obra social es la parte que más garantizada queda en la reforma", aseguran desde las entidades. "Además, una caja sin beneficios no crea obra social, pero un banco que de más dinero supondrá un mayor dividendo para la caja que hay detrás, que es quien realizará esta labor", añaden. Admiten, eso sí, que en el caso de entidades convertidas en bancos malos, el porcentaje que quedará para obra social puede resultar marginal. "Será un problema de gestión de cada firma", sostienen.

Por ahora, no obstante, hay más dudas que certezas sobre lo que ocurrirá con esta actividad. El referente más aproximado lo encontramos en Italia, donde se obligó a las cajas a segregar la actividad financiera de la social, dando lugar a fundaciones. Una opción que tomarán en España algunas cajas. En Italia, este cambio se tradujo en un fuerte recorte de los recursos destinados a obra social.

Perder la seña de identidad, cambiar la estrategia publicitaria

Conciertos, festivales de cine, residencias de ancianos, monumentos restaurados... La obra social que realizan las cajas de ahorros es su cara más visible, y su mejor tarjeta de presentación. La reestructuración del panorama financiero español hará, sin embargo, que las firmas se vean obligadas a repensar su estrategia publicitaria.

"Yo decido la obra social". "135 años de una buena causa". "El mayor interés lo tiene la persona". "Tenemos más de un millón de euros y queremos que tú lo repartas". Los eslóganes referentes al compromiso social de las cajas están siendo superados por nuevas consignas. Mensajes de fortaleza y de unión que buscan convencer a clientes e inversores de que las nuevas agrupaciones de cajas suponen una garantía de solvencia. "El primer banco de la nueva banca". "Ha nacido una nueva entidad". "Proximidad, fortaleza y futuro". "Imagina otra banca" o "La caixa que suma", son algunos de los nuevos reclamos que circulan por escaparates y webs de las cajas.

En el caso de las agrupaciones de entidades que van a crear un banco se da la circunstancia, además, de que serán ellas por su parte, y no la firma que nace, quienes deberán realizar las obras sociales. Esta desvinculación supone, por poner un ejemplo, que mientras Bankia absorberá toda la actividad comercial, serán Caja Madrid o Bancaja, quienes se responsabilicen de las campañas sociales.

En consecuencia, la firma bancaria no se beneficiará, como ocurre ahora, de la publicidad y la buena prensa que reportan los actos culturales, educativos o solidarios. Una opción, admiten desde el sector, es que las cajas que se unan para crear un banco terminen apostando también por unificar bajo un mismo nombre toda su labor social. Otras, explican desde las propias entidades, "mantendrán su cara actual, pero se especializarán". "La obra social como la conocemos va a desaparecer, ya no será universal. Cada grupo apostará por una región o una actividad concreta", cuentan.