Viajes

Gargantas más allá de Ordesa

Escuaín es un territorio pirenaico virgen para el paseo con excelentes establecimientos.

La mayoría de los turistas que se desplazan al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se afanan por recorrer el valle de Ordesa, sin percatarse de que a su alrededor existen otros lugares que merecen ser visitados. Uno de ellos es las gargantas de Escuaín, cuyas simas y barrancos confieren a la zona una sorprendente apariencia asimétrica.

Ordesa y Monte Perdido, declarados Parque Nacional en 1918, son un paraíso natural que cuenta con una extensión de 15.000 hectáreas. En su interior habitan especies típicas de la zona como el buitre leonado y el quebrantahuesos, que sobrevuelan a diario una gran variedad de pequeños municipios de los cuales solo Biesca, Benasque y Aínsa superan los mil habitantes.

El pueblo de Escuaín, que da nombre a la zona, es un lugar deshabitado en el que se puede apreciar la arquitectura típica del territorio. Una sus peculiaridades son las chimeneas en forma de gorros de bruja para, según dice la tradición, ahuyentar los malos espíritus.

Pero no todo es naturaleza en este lugar. En la actualidad se están desarrollando nuevas actividades con las que atraer a los turistas. El paseo nocturno durante los días de luna llena es una de las fórmulas que más éxito está obteniendo. También consiguen numerosos adeptos las excursiones en 4x4 para adentrarse en los rincones hasta ahora solo conocidos por los habitantes del lugar.

Quienes estén interesados por hacer visitas culturales pueden deleitarse con el casco antiguo de la villa de Aínsa. El castillo y sus calles empedradas guardan el recuerdo del siglo XI y fueron nombrados conjunto histórico artístico en 1965. Sin embargo, son la iglesia de Santa María, la Plaza Mayor y la antigua muralla las que más interés despiertan entre los visitantes. Desde la fortaleza se puede contemplar una magnífica vista del Parque Nacional en su conjunto.

El río Ara, el único de los Pirineos no regulado por presas, discurre por esta zona y atraviesa Boltaña. Allí se encuentra ubicado un monasterio, ahora convertido en un hotel de la cadena Barceló, que recibe el nombre del pueblo. En él es posible relajarse mientras se disfruta de masajes de origen tibetano o se recorre el circuito spa.

El monasterio sobre el que está construido el hotel data de mediados del siglo XVII. Este edificio ha recibido diferentes usos a lo largo de los años, desde un hospital para enfermos de tuberculosis hasta el hotel que es hoy en día, inaugurado en 2005 por el equipo de fútbol el Real Zaragoza

El valle en el que se localiza el balneario está rodeado por las cordilleras pirenaicas, que le protegen de los vientos del norte, confiriendo a la zona un microclima mediterráneo.

El Hotel Monasterio de Boltaña conserva el núcleo central del edificio original, además de contar con dos ampliaciones que tratan de sacar el máximo partido a las instalaciones. Su interior combina la estética tradicional del muro de piedra con una decoración balinesa que recrea un ambiente idóneo para alcanzar la relajación tan ansiada por la mayoría de sus visitantes.

Guía para el viajero

Cómo ir. No hay transporte público más próximo que el tren a Huesca o Lérida. Desde allí, el alquiler de un turismo es la única fórmula para llegar a Boltaña.

Dónde dormir. El Hotel Monasterio de Boltaña (http://www.monasteriodeboltana. es) tiene en sus vistas al río Ara uno de sus atractivos, además de las piscinas climatizadas desde las que es posible admirar la espectacularidad del paisaje.

Dónde comer. Los platos típicos de la zona, como las setas y el cordero, pueden disfrutarse en el Bodegón de Mallacán, casa de finales del siglo XI ubicada en la Plaza Mayor de la villa de Aínsa.