TRIBUNA

De PIIGS a MENA

Nuevo aumento de la importancia relativa de las variables geopolíticas en el cuadro de mando del análisis económico mundial. En esta ocasión, la atención se centra en MENA (Middle East and North Africa), un acrónimo cuyo diagnóstico contrasta desfavorablemente con el del más conocido BRIC. Ni la cuota en el PIB mundial de este grupo de países, ni su aportación al crecimiento, ni la magnitud de los flujos financieros pueden considerarse elevadas. Pero, como es sabido, son agentes principales de una pieza fundamental en la economía mundial: el suministro de petróleo y gas. Con datos a octubre de 2010, MENA representa el 35% de la producción total de petróleo (con Arabia Saudí en la segunda posición mundial, 11,7%, solo por detrás de Rusia), y casi el 51% de las exportaciones mundiales. En gas natural (cifras a cierre de 2009), su peso es más reducido, pero significativo: 16% de la producción total y 20% de las exportaciones.

La vía de impacto más importante, que no inmediata, sobre el bloque desarrollado es clara: una potencial interrupción del suministro, cuyos efectos serían una función del grado de dependencia. Casi un 20% de las importaciones anuales de petróleo que realiza EE UU proceden de MENA, un porcentaje similar al que presenta el conjunto del área euro, aunque en este caso con divergencias significativas entre países (en Italia supera el 50% mientras en Alemania apenas alcanza el 10%).

En lo que respecta a la dependencia de gas, las repercusiones serían mayores para Europa: un 20% de su abastecimiento anual lo genera MENA, frente apenas un 5% en Estados Unidos.

Respecto a España, conviene advertir de la vulnerabilidad: un 48% de las importaciones de petróleo y un 60% de las de gas proceden de estos países, con Argelia y Libia como principales focos de seguimiento. Los datos son lo suficientemente importantes como para que, ante este riesgo, se profundice en políticas ya implantadas desde hace tiempo en ámbitos como la gestión de reservas, el ahorro energético y la diversificación del origen de estas materias primas, pero también de las propias fuentes de energía.

Además de este shock, que podríamos denominar de cisne negro (parece poco probable, pero en caso de ocurrencia las consecuencias serían muy negativas), encontramos implicaciones más fácilmente cuantificables por los economistas. La primera es la pérdida de poder adquisitivo que implica el encarecimiento de las gasolinas. El peso que tienen los productos energéticos en la cesta del IPC (próximo al 10% tanto en el área euro como en España) explica hasta qué punto la volatilidad en el precio de la materia prima base puede justificar, en un horizonte temporal de apenas 12 meses, divergencias en la inflación general de hasta un punto porcentual ante variaciones al alza o a la baja del precio del barril de petróleo del orden de 20 dólares.

Así, si cerrase 2011 en la zona de los 130 dólares (con un dólar/euro en 1,3700), la variación interanual del IPC se mantendría en la cota del 3%, tanto en España como en la UME. ¿Demasiado peligroso para el BCE? Podría ser. Aquí es donde encontramos otra vía de impacto, aunque esta sea indirecta: la reacción de la autoridad monetaria y las expectativas del mercado ante la futura evolución del repo. Potenciales elevaciones del tipo de intervención pero, sobre todo, su plasmación en el euríbor vía tipos implícitos podría llevar al tramo monetario de la curva de tipos a superar con claridad la cota del 2%.

Estaría asegurada, por tanto, una revisión al alza de los costes financieros en la segunda mitad del año para todos los agentes. La recuperación de los beneficios empresariales de los últimos trimestres permitiría la absorción del aumento del euríbor por parte de las compañías, pero la situación de la renta disponible de las familias es bien distinta. No esperamos ni aumento de los salarios ni del empleo, mientras que las rentas financieras más habituales (intereses de los depósitos) notarán ya el fin de los efectos positivos de la guerra del pasivo.

Nos introducimos así en la tercera vía de impacto negativo: la recaída de la confianza de los consumidores. Ahora que se generalizaba la sensación de que España no era un PIIGS Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España y que se alejaban de las conversaciones diarias las apuestas sobre el momento en que tendríamos que ser rescatados, es una pena que se haya abierto otro foco de inestabilidad geopolítica.

David Cano Martínez. Director General de Afinet Global EAFI