COLUMNA

El enfado de los irlandeses

La propuesta del partido irlandés Fine Gael, en la oposición, de que los tenedores de deuda sénior de bancos rescatados deben compartir la carga con los contribuyentes debe ser tomada en serio. Después de sembrar 46.000 millones de euros de capital en los bancos y soportar un caro rescate de la UE y el FMI, el resentimiento de los contribuyentes es profundo.

Pero suscribir la deuda sénior de los bancos no es la solución mágica a los problemas del país. Podría poner nerviosos a los mercados. El beneficio sería modesto: los bancos han reemplazado gran parte de su deuda no asegurada con préstamos garantizados por el Gobierno. Una amortización del 25% sobre los restantes 15.400 millones equivaldría a una ganancia de capital para los bancos de solo el 2,4% del PIB.

La imposición de un recorte en la deuda del Allied Irish Bank y el Bank of Ireland, ambos todavía cotizados, sería jurídicamente difícil, a menos que sean nacionalizados. Irlanda también tiene problemas con sus socios europeos. Un recorte de la deuda sénior bancaria podría aumentar los costes de financiación para los bancos en la periferia de Europa.

Puede haber un término medio. El BCE está de acuerdo con un recorte. No causaría el contagio en Europa, sobre todo si se produce después de la segunda ronda de pruebas de estrés. El beneficio sería simbólico -un recorte del 50% de la deuda del Anglo sería igual a un 1% del PIB-, pero podría apaciguar a los votantes. Aunque el reto será crear un cortafuegos entre el Anglo y otros prestamistas irlandeses, en particular Allied Irish Bank y Bank of Ireland. Los dos necesitarían ser fuertemente capitalizados. El desafío del país no es qué hacer con los 15.000 millones de bonos sénior, sino cómo quitarse la deuda.

Por Neil Unmack