Subidas de precios y costes

La financiación lastrará en 2011 los márgenes empresariales

Las dificultades del flujo financiero se intensificaron en los últimos meses de 2010, lo que propició una elevación de los tipos de interés de los créditos a las empresas que amenaza con recrudecerse en el ejercicio entrante. A ello se suma la escalada del precio del petróleo y otras materias primas para apretar los márgenes empresariales, dado que la escuálida demanda no ofrece viabilidad a la repercusión en precios.

Se presenta otro año complicado para las empresas españolas. Y van tres. Por una parte, las perspectivas de recuperación económica son poco optimistas: todas las previsiones apuntan a una evolución muy moderada del consumo, que dará pocas alegrías desde el punto de vista de los ingresos. Pero también el lado de los costes presenta signos para la preocupación. El principal de ellos se refiere a la financiación. En los últimos meses, las condiciones para su acceso han empeorado desde los ya duros niveles anteriores, y eso ha traído consigo un aumento adicional de los costes financieros.

Un informe interno de una importante entidad bancaria española reconoce que las condiciones de financiación se habían endurecido incluso antes de la última crisis de deuda soberana. De hecho, esas dificultades "amenazan con trasladarse al crédito bancario a empresas y familias, consolidando el descenso de la riqueza financiera y real del sector privado" y representando un palo más en las ruedas de la recuperación económica.

La evolución de los tipos de interés medios cobrados a las sociedades no financieras demuestra esa tendencia de forma fehaciente: los de las grandes empresas pasaron del 4,1% de junio al 4,4% de octubre, en tanto que los de las pequeñas y medianas se encarecieron desde el 3% hasta el 3,3%. Una situación que ya apuntaba dificultades, y que se vio notablemente agravada a raíz de las presiones de los mercados derivadas de la crisis irlandesa.

Las condiciones financieras empezaron a endurecerse incluso antes de que estallase la crisis de Irlanda

La última encuesta sobre acceso a la financiación ajena, elaborada por el Consejo Superior de Cámaras de Comercio, deja claro que las dificultades en ese ámbito están lejos de diluirse. El estudio, correspondiente al tercer trimestre del año, señala que el 85,8% de las empresas tuvo problemas a la hora de conseguir un crédito (un punto y medio más que el año anterior), mientras que el 12,7% no pudo obtener la financiación que buscaba (tres décimas menos). Un tercio de las firmas vio recortarse el volumen de financiación obtenido, y casi dos de cada tres sufrió un sobrecoste respecto a préstamos anteriores.

El panorama que se abre en el año entrante no es especialmente halagüeño en lo que se refiere al crédito. La difícil digestión del empacho constructor que todavía están realizando las cajas de ahorro, inmersas en un proceso de reestructuración, condicionará de forma decisiva su capacidad como prestamistas. Mientras, el sector bancario proseguirá el proceso de ajuste de sus balances, y la desconfianza que todavía impera en el conjunto de la economía española prolongará la que, en último término, ha sido la causa de la mayor crisis global en ochenta años: la sequía financiera.

La presión de las materias primas

Junto al acceso y coste de la financiación, el otro gran quebradero de cabeza empresarial en el año entrante desde el punto de vista de los costes vendrá dado por la energía y las materias primas. El petróleo inició el pasado mes de mayo una nueva senda alcista, que lo ha llevado a encarecerse un 25%. El barril de crudo tipo Brent, de referencia en Europa, se paga ya en el mercado de Londres a cerca de 95 dólares, casi 20 por encima de la cotización con la que arrancó el año pasado. El precio del crudo supone una variable crucial en las cuentas de resultados empresariales, por su importancia en el funcionamiento de la maquinaria, en los transportes y en los aprovisionamientos.

Pero el petróleo no es la única materia prima envuelta en una espiral alcista. La evolución de las cotizaciones de metales como el cobre, en máximos históricos, afecta también a la estructura de los insumos empresariales y condiciona sus resultados. Lógicamente, el impacto concreto varía de forma notable en función del sector al que pertenece cada empresa. Así, frente a la menor influencia en empresas de distribución, en otras, como las cementeras, la energía y las materias primas suponen el grueso de su línea de costes.

De nuevo, las perspectivas para el año que ahora comienza se presentan complicadas. Presionados por la demanda de China y otras potencias emergentes, los precios de las materias primas crecen y probablemente lo hagan a un ritmo mayor a medida que los países ricos vayan recuperando el pulso económico.

En una línea similar se está moviendo la factura eléctrica, otro de los costes principales para las empresas. El Gobierno anunció en el cierre del año una histórica subida de la luz, y su empeño por recortar el enorme déficit de tarifa apunta a que a lo largo del ejercicio se producirán nuevos encarecimientos.

Esos movimientos en las líneas de coste condicionarán los márgenes de las empresas: en un periodo de escuálida recuperación económica, con el consumo privado deprimido por el desempleo, la desconfianza de las familias y el todavía reciente impacto de la subida del impuesto sobre el valor añadido, las firmas españolas difícilmente podrán plantearse compensar el aumento de los costes con una repercusión en los precios. Así las cosas, lo más probable es que el encarecimiento de los insumos lleve aparejada una nueva reducción de los márgenes, ya de por sí muy castigados por los efectos de la recesión económica.

Los salarios suponen la única línea con tendencia a la moderación

La mejor noticia desde el punto de vista empresarial se encuentra en los costes laborales. La mayoría de los convenios colectivos firmados apunta a subidas salariales mínimas, del entorno del 1%, y en todo caso inferiores a la inflación. Al durísimo ajuste laboral por vía de la cantidad registrado en España en los últimos tres años (más de dos millones de nuevos parados) comienza a sumarse ahora el ajuste vía precios. Un alivio para las empresas, si se tiene en cuenta que la remuneración de los asalariados representa prácticamente la mitad de la actividad económica del país.

Según el último boletín económico del Banco de España, publicado el jueves, el incremento salarial medio de los convenios colectivos acordados hasta el 30 de noviembre asciende al 1,3%, tasa que se sitúa 1,1 puntos por debajo del vigente el año anterior. Pero ese limitado avance se reduce aún más, hasta el 1,1%, en el caso de los convenios de nueva firma.

En una línea similar de moderación, las cotizaciones sociales a cargo de la empresa se han actualizado con un avance del 1%. Por su parte, el último Consejo de Ministros de 2010, celebrado el jueves pasado, aprobó una subida del salario mínimo interprofesional del 1,3% para este año. Con ese aumento, el valor de referencia de las remuneraciones se sitúa en la actualidad en los 641,56 euros mensuales, lo equivale a una subida de 8,2 euros cada mes.

De acuerdo con la Encuesta Trimestral del Coste Laboral, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, el coste laboral medio por trabajador y mes descendió un 0,3% interanual en el tercer trimestre del año, lo que supone una desaceleración sustancial tras el 1,2% del segundo trimestre. Por lo que respecta al componente salarial de los costes laborales totales, la tasa interanual fue del 0,1%, moderándose intensamente desde el 1,8% del segundo trimestre.

Las cifras

25% se ha encarecido del precio del petróleo desde mayo de 2010 hasta la actualidad. Durante el año pasado, el precio del barril de Brent aumentó en casi 20 dólares.

85,8% de empresas tiene problemas para acceder al crédito. Una de cada tres ha visto encarecerse los tipos de interés, y a un 12,7% se le ha denegado la financiación solicitada.