A fondo

Un callejón con salida delicada y estrecha

El colectivo de controladores encauzó su ira el pasado viernes en una estrategia de confrontación con el Estado, sin habilitarse el menor resquicio para el retorno. Su actuación ha sido censurada por una opinión pública harta de pagar y cargar con todos los platos rotos.

Si los controladores tenían alguna razón, la han perdido. Como también han echado por la borda las perspectivas de un futuro profesional que se les presentaba cargado de cambios, pero también de estimulantes retos ante la revolución del cielo único en la Unión Europea. Ahora están obligados a deslizarse por la pendiente de la responsabilidad penal.

El Gobierno, ante el descomunal envite del pasado viernes, apostó por las medidas legales de coacción que tenía a su alcance, intentando doblegar la voluntad de los controladores para que, rota cualquier interlocución, de manera individual y forzada, reconsideraran su posición.

Restaurar la paz en los centros y torres de control, es ahora una prioridad

La cerrazón infantil de las primeras 14 horas de conflicto, dio paso, casi sin transición, a los lamentos al esgrimir una bandera blanca. Pero la rendición llegaba cuando la parte principal del mal ya estaba hecha y el grueso de los controladores habían incurrido en unas responsabilidades de las que tendrán que responder en el inmediato futuro.

Superado el caos desatado por el cierre del espacio aéreo, cuando es necesario contabilizar las pérdidas millonarias, (porque no es posible cuantificar la ruptura de las ilusiones), procede levantar la cabeza por encima de un hecho incomprensible, e intentar vislumbrar cual es la vía de salida en un callejón estrecho.

La manera en que se adopten las imprescindibles decisiones que se esperan del Ministerio de Fomento y de la dirección de AENA, tras el fin esta locura, permitirá en el futuro evitar o, por el contrario, ahondar en males que raíces demasiado profundas.

La normalidad aparente con la que han vuelto a volar los aviones puede enmascarar la realidad del grave daño que un conflicto prolongado con un epilogo explosivo, ha causado a una actividad tan delicada como es la operación aérea y la asistencia imprescindible que requiere desde los profesionales del control en tierra.

El colectivo de control aéreo, por voluntad de los propios controladores consentida durante demasiado tiempo en las instancias competentes de distintos Gobiernos, se ha convertido tras años de plantes y cesiones, en un grupo profesional que detenta un monopolio.

Los argumentos esgrimidos por el USCA durante el año largo de enfrentamiento que han mantenido con AENA, recordaban que el profesional del control debe tener bien regulada su jornada laboral y ha de proteger su salud como garantía última del desempeño correcto de su trabajo. Es bien cierto que el control de la navegación aérea no es una actividad cualquiera. Comporta una señalada responsabilidad que exige tranquilidad y templanza por parte de quienes la ejercen.

Sin embargo, esta argumentación ha sido falsificada durante años por el colectivo con un abuso escandaloso de las horas extraordinarias. En base a un convenio que no se renueva desde hace más de una década, los controladores, además, han manejado sin auditoria y supervisión externa la formación y el acceso de nuevos controladores.

Por razones que todavía no han sido explicadas, a día de hoy el número de profesionales en España no superan los 3.000, cuando no existen cualidades extraordinarias que justifiquen esta restricción. Como consecuencia del bloqueo, los trabajadores que hoy ocupan los centros y las torres de control de AENA son difícilmente reemplazables en un plazo corto de tiempo.

Dado lo interminable del enfrentamiento del colectivo con Fomento y AENA hubiera sido factible que ambos organismos adoptaran en su día la precaución de habilitar en tareas especificas a controladores militares. Un número superior a los 200 ha mostrado su voluntad de cambiar el uniforme por el sueldo de los civiles.

Del mismo modo, tal como lo permite la legislación de la UE, AENA podrían haber contratado a profesionales de control de otros países comunitarios con este mismo fin. Lo cierto es que esta previsión no ha existido y ahora en los difíciles momentos que nos esperan para los próximos meses, los mismos controladores que responderán por su actuación del fin de semana ante la justicia, deberán la vez seguir ejerciendo las labores de control.

En esta tesitura es necesario que se habilite una vía de diálogo y entendimiento entre los responsables de la aviación civil y los controladores que se han enfrentado de manera tan frontal durante este fin de semana. Es imprescindible devolver a los centros y a las torres de control un ambiente de mínima tranquilidad que facilite la tarea de los controladores.

A pesar de los momentos de tensión como los vividos, hay que hacer un llamamiento a todas las partes para que recuerden que la seguridad del tráfico en los cielos ha sido el criterio último en el que se ha inspirado y apoyado una actividad tan insustituible como es la aviación y que en los últimos años ha logrado minimizar sus registros de siniestralidad.