Debate abierto. Las costuras rotas de la sanidad

Complementariedad

Un sistema en revisión. La caída de los ingresos públicos y el aumento de la población han agotado un modelo sanitario que precisa revisión. Las alternativas pasan por ampliar las fuentes de financiación o replantearse algunas de las prestaciones actuales. O quizá una mezcla de ambas

No se puede mirar para otro lado. La viabilidad del sistema sanitario se encuentra comprometida y existen motivos suficientes para poner en duda su sostenibilidad. El envejecimiento de la población, la cronificación de las enfermedades y, sobre todo, el desconocimiento del incremento del coste tecnológico y terapéutico, hacen bastante improbable que, en los próximos años, se pueda seguir manteniendo la universalidad del sistema sanitario en condiciones de equidad en el acceso y las prestaciones para toda la población. Ante este panorama se hace imprescindible tomar medidas en tres aspectos:

-En relación con el control en la gestión del gasto sanitario público y la disminución del mismo

-En relación con el proceso de mentalización y reeducación de la población a fin de promover un uso racional de los recursos, y

-En relación con la financiación del sistema sanitario.

O nos replanteamos un profundo reajuste del sistema, o nos encontraremos ante su agotamiento progresivo, lo cual se manifestara directamente, como ya demuestran estudios del sector, en la existencia de diferencias significativas en la atención sanitaria entre unos ciudadanos y otros en función de donde vivan.

En nuestro país la sanidad privada se encuentra financiada mayoritariamente por el usuario de manera voluntaria. Es un copago voluntario que supone casi un 30% del gasto sanitario total y que a pesar de competir con un sistema público universal está casi 10 puntos de media por encima respecto a países de nuestro entorno. En concreto y a modo de ejemplo, mientras que en España la sanidad privada representa un 29% del peso del sistema sanitario, en Alemania, Italia, Francia representa el 23%, el 23% y el 21% respectivamente. Además en estos países, se da la circunstancia, de que la sanidad privada es imprescindible para alcanzar la universalidad de las prestaciones, por lo que se deduce que de no existir o disminuir este sistema sanitario privado voluntario en España, habría que recurrir necesariamente al copago obligatorio.

La participación de la sanidad privada en el sistema sanitario Español se desarrolla de muy diversas formas; en ocasiones a través de conciertos con el sistema público, y en otros supuestos, los más importantes cuantitativamente hablando se lleva a cabo en virtud de aseguramiento privado o de atención privada directa.

Existen más de 8,5 millones de usuarios que acuden regularmente a la sanidad privada a través de una póliza de seguro, de ellos, 2,5 millones aproximadamente lo hacen fruto de la capacidad de elección que el régimen de las mutualidades públicas les permite a los funcionarios entre el sistema sanitario público y privado, eligiendo este último en un 85% de los casos con un coste aproximado del 35% menos de lo que cuesta un ciudadano en el sistema público. El resto, aproximadamente 6 millones de usuarios, lo hacen por medio del pago voluntario de una cobertura a través de un seguro privado, que produce una descarga directa de gasto al sistema público de 1.420 euros aproximadamente por persona y año.

Ante estos datos parece mucho más práctico y rentable para el bolsillo de los ciudadanos y, además, no condiciona cambios bruscos en la concepción del modelo sanitario que tenemos, el que las autoridades promuevan un pacto entre el sector público y el sector privado, para tratar de integrar ambos sistemas a fin de que el que pueda permitírselo se haga usuario del sistema privado para que el sistema público llegue con garantías a quien no tiene opción.

Un pacto público-privado que permita al paciente tener cubierta toda su demanda sanitaria, sin necesidad de consumir dos veces los mismos recursos debido a que las coberturas de un sistema no alcancen a cubrir las que recoge el otro y que permita que el usuario de la sanidad privada, que voluntariamente descarga de gasto al sistema público vea recompensado su esfuerzo por medio de la implantación de medidas, como la desgravación fiscal, que animen a que más gente se haga usuaria del sector privado

La sanidad privada ofrece un complemento de calidad contrastada a quien quiera un sistema complementario a la sanidad pública, por ello es fundamental procurar la mutua complementariedad e integración de ambos sistemas de provisión, en aras a la máxima eficiencia en la utilización de todos los recursos disponibles; tratando de evitar que haya contingencias no reconocidas que generen ineficiencia en el sistema y duplicidad de gastos y de utilización de recursos.

Juan Abarca Cidón. Secretario general del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS)