Crónica de Manhattan

El rodillo republicano

Las mujeres de EE UU no cobran, en general, lo mismo que sus pares masculinos.

Un estudio del National Women's Law Center afirma que, como media, se embolsan 77 centavos por cada dólar que gana un hombre. El Gobierno de Barack Obama propuso una ley de justicia salarial para acabar con esta situación, pero hace unos días fue derrotada por la minoría suficiente del Partido Republicano en el Senado.

La negativa a aprobar esta ley es una de las muchas muestras de la actitud de este grupo conservador con respecto a la negociación con la Casa Blanca y la posibilidad de entendimiento y bipartidismo una vez que en enero tomen las riendas de la Cámara de Representantes y refuercen su minoría en el Senado. Es decir, los analistas que creían que la victoria obligaría a los republicanos a dejar de lado la estrategia de ser el "partido del no" y empezar a cooperar, como antaño, han pecado de optimistas.

Porque lo que ha ocurrido con la ley por la igualdad es solo un ejemplo. Los republicanos están retrasando la ratificación del tratado de reducción de armas nucleares con Rusia, el Start, que Obama dice que es prioritario en materia de política exterior y debe aprobarse antes de fin de año. Y en una de las materias más contenciosas, el mantenimiento de los recortes fiscales de George Bush que expiran el 1 de enero, tampoco parece que haya prisa por sentarse con el presidente para negociar.

Los republicanos quieren mantenerlos, pero la Casa Blanca desea que se acaben para quienes ingresan más de 250.000 dólares al año, con la idea de evitar profundizar mucho más el déficit. Pese a que este debate lleva meses abierto, los líderes conservadores alegaron "conflictos de agenda" para no acudir a una reunión con Obama la semana pasada. Si no hay más retrasos, la reunión será el día 30 de noviembre, cuando apenas quede margen de maniobra.

El gesto no pasó desapercibido. En The Washington Post se explicaba que la señal que se manda es que los republicanos "tienen menos interés en comenzar una nueva era de política bipartidista que la Casa Blanca".

En el caso del Start, Obama se ha rodeado de diplomáticos de alto perfil en Administraciones republicanas, como Henry Kissinger, James Baker y Brent Scowcroft, para enfatizar el carácter de prioridad nacional. No obstante, solo hay un senador republicano dispuesto a firmar. En The New York Times se explicaba que si Obama fracasa, "se reforzará la idea dentro y fuera del país de que es un presidente débil".

El rodillo que preparan los conservadores llega hasta una Reserva Federal que se percibe en sintonía con la Casa Blanca. Los republicanos no hacen más que cuestionar la política de estímulo cuantitativo de Ben Bernanke. Dos legisladores han propuesto enmendar el mandato dual de la Fed para que solo se preocupe por la estabilidad de precios y no por promover el máximo empleo posible, como lleva haciendo desde 1977.

Los ataques a Bernanke llevaron a Paul Krugman a elucubrar en el Times que es posible que la oposición quiera una economía débil para debilitar al demócrata de la Casa Blanca. En cualquier caso, hay que recordar que el sincero Mitch McDonnell, legislador republicano, dijo varias veces tras las elecciones que el objetivo de su partido es hacer que Obama sea presidente una sola legislatura.