A fondo

Sarkozy y la relevancia del G-20

Este no ha sido un G-20 de conclusiones sino de debate". Es una manera de poner buena cara al mal tiempo por parte de Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, quien lleva meses advirtiendo que está desapareciendo el espíritu de colaboración que nació de la crisis global del 2008. Strauss-Kahn no deja de repetir que no hay soluciones locales para un problema global como el actual y los datos que maneja el Fondo apuntan a que ni la economía mundial está tan fuerte como para dejar de lado la cooperación ni la recuperación está siendo sólida porque, además de la lentitud de las economías avanzadas para salir del agujero, se están volviendo a repetir los desequilibrios que cimentaron la debacle de hace dos años.

La cumbre de Seúl acabó el viernes con un comunicado de mínimos con respecto a cuestiones fundamentales como las fricciones entre las divisas y los desequilibrios en las balanzas por cuenta corriente. Se semidiagnosticó el mal pero las recetas se dejan para más tarde ya que se ha encomendado a ministros y organismos internacionales que se elaboren una serie de "guías indicativas" para poner coto las disparidades. En suma, el G-20 no dispone sino que pospone en un comunicado cuyas vaguedades dan idea de lo contencioso que ha sido siquiera llegar a este pequeño acuerdo cuando la situación demanda acciones concretas.

Es algo que queda en manos de la próxima presidencia del G-20, Francia.

El líder francés quiere redefinir el actual sistema y el papel del dólar

El Gobierno francés tiene que revisar los manuales de diplomacia que han hecho famoso a este país porque la tarea es ingente y por el camino las relaciones entre algunos países pueden enrarecerse. De hecho, EE UU tiene pendiente de publicar su informe sobre divisas (que retrasó para después de la cumbre) y hay mucha presión para que se lea en sus páginas que China está manipulando e infravalorando su divisa, lo que daría lugar a una respuesta comercial. En Corea, la acusación ya quedó escrita en las crónicas de la cumbre porque el presidente de EE UU, Barack Obama, adoptó un inusual tono de crítica tras firmar el comunicado y en rueda de prensa afirmó que Pekín gasta enormes cantidades de dinero en rebajar el valor del renminbi. Apenas 24 horas después EE UU dijo que esperaba movimientos claros de China antes de que su presidente, Hu Jintao llegara a Washington en enero en viaje oficial.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy tiene pues un importante cometido en un momento que demanda delicadeza y mano dura a la vez para avanzar sin romper lo que ya ha logrado el G-20, es decir, crear un foro de debate económico que responde a un escenario mundial que gracias al dinamismo (político y económico) de los países emergentes y la crisis de los avanzados ha acelerado el fin del modelo de relaciones internacionales nacido tras la II Guerra Mundial.

Remodelación

No es algo que haya pasado desapercibido para la presidencia francesa, que tiene en sus miras objetivos muy ambiciosos. Sarkozy ya ha indicado hace un par de meses que no solo quiere sacar adelante soluciones para reducir la volatilidad de las divisas y las materias primas sino que además quiere actualizar y modernizar el sistema de tipos de cambio dominado por el dólar, la moneda de un país, EE UU, cuya economía aún supone un cuarto del total mundial y es la divisa reserva.

El (debilitado) presidente de los randes objetivos y declaraciones, no obstante, tiene difícil esta agenda porque desde Corea ya se ha cargado el orden del día con lo que aún no se ha resuelto y si Sarkozy quiere un debate de máximos y revoluciones, dada la tirantez del momento, es muy posible que los debates nublen y dificulten la misión más inmediata que es resolver lo que se ha pospuesto. Es una tarea que no dará a París el título de nuevo Bretton Woods pero puede ayudar a resolver muchos obstáculos para encarar la segunda década del siglo XXI con mejor rumbo que la primera.

Las proyecciones económicas, la prevista agudización de los desequilibrios, aconsejan que el G20 siga siendo un foro de acción, sin más retrasos, y que su papel como plaza de debate teórica no domine las conversaciones y negociaciones porque se corre el riesgo de que pierda relevancia, algo que en este momento de transición y crisis no sería bienvenido.