Reunión del G-20 en Seul

Las discrepancias entre China y EE UU por los tipos de cambio polarizan la cumbre del G-20

La cumbre del G-20 de Seúl arranca hoy en un clima de abierto enfrentamiento por las intervenciones en los mercados de divisas. China y Estados Unidos copan las posturas enfrentadas, al tiempo que exhiben buenas cifras exportadoras.

Las discrepancias entre China y EE UU por los tipos de cambio polarizan la cumbre del G-20
Las discrepancias entre China y EE UU por los tipos de cambio polarizan la cumbre del G-20

Sin margen para el optimismo. La reunión del G-20 que se celebra entre hoy y mañana en la ciudad surcoreana de Seúl tiene visos de escenificar la ruptura del clima de colaboración que sirvió para evitar el colapso del sistema financiero global tras la bancarrota de Lehman Brothers, hace ahora dos años. Tras la reunión de Washington celebrada entonces, los líderes del G-20 pactaron una histórica inyección fiscal y monetaria para contener la sangría. Hoy, cada Gobierno se plantea la guerra por su cuenta, en función de las circunstancias particulares de su economía.

Una discrepancia evidente se produce entre Estados Unidos (que apuesta por mantener los estímulos) y la zona euro (partidaria de la consolidación fiscal, ante los ataques a la deuda de varios países miembros). Pero, en las últimas semanas, el protagonismo se ha trasladado a la guerra de las divisas. Europa y EE UU mantienen su reclamación para que China acepte un tipo de cambio más flexible del yuan, cuya artificial devaluación favorece sus exportaciones. Pero también EE UU disfruta de un dólar que le permite vender barato, y más desde la decisión de la Reserva Federal (Fed) de imprimir otros 600.000 millones de dólares para estimular una economía todavía frágil, de los que 105.000 millones se inyectarán ya en diciembre (75.000 millones del plan de compra de bonos y 30.000 de reinversión de los intereses de bonos ya adquiridos por la Fed). El resultado es que las dos grandes potencias del siglo XXI exhiben su músculo comercial.

Ayer, la agencia oficial de noticias Xinhua publicó que China elevó en octubre su superávit comercial en un 61% respecto a septiembre, hasta situarse en 27.150 millones de dólares (19.705 millones de euros). Las exportaciones chinas aumentaron un 22,9% en el mes, hasta 135.980 millones de dólares, y en los diez primeros meses del año suman un avance interanual del 36%. Por su parte, el Departamento de Comercio de EE UU publicó una reducción del déficit comercial del 5,3% en septiembre, más de lo esperado por los analistas, hasta situarse en 44.000 millones de dólares. La depreciación de esta moneda respecto al euro ha permitido a EE UU recortar su déficit con la UE en un 25,5% respecto a agosto, hasta 4.100 millones.

Corea descarta lograr compromisos "cuantitativos" a lo largo del encuentro

La publicación de ambas estadísticas en el día en que los líderes llegaban a Seúl resulta, cuando menos, una curiosa coincidencia, y parece encaminada por los Gobiernos para mostrar su poderío y escasa disposición al acuerdo. Mientras Washington sigue apostando por los estímulos fiscales y, ahora en mayor medida, monetarios, Pekín se preocupa más bien por enfriar su economía ante el peligro de una burbuja financiera, y acusa a EE UU de inundar el mundo de dólares. Por supuesto, ambas potencias siguen condenadas a entenderse, porque China es el principal financiador de la deuda estadounidense.

Lo que parece poco probable es que la cumbre de Seúl logre uno de sus objetivos esenciales: reequilibrar la economía mundial, reduciendo los déficits y superávits corrientes excesivos y limitando las intervenciones sobre los mercados cambiarios. La propia organización coreana advirtió ayer de que el comunicado final de la cumbre no contemplaría objetivos cuantitativos.

El presidente estadounidense, Barack Obama, aseguró en una carta enviada ayer a los líderes del G-20 que la mejor contribución que su país puede hacer a la recuperación global es "tener una economía nacional fuerte que cree empleo, ingresos y consumo". Obama les insta a "poner de su parte" para reducir los desequilibrios en las balanzas por cuenta corriente. Ayer, la agencia china Dangong Credit rebajó la calificación de la deuda soberana de EE UU, en un gesto cargado de ironía.

Lo cierto es que la compra de deuda del Tesoro conocida como QE2 (segunda expansión cuantitativa) anunciada la semana pasada por la Reserva Federal no ha sentado bien ni a una UE claramente perjudicada por la depreciación del dólar, ni a unos países emergentes cuyas economías crecen ya a velocidad de crucero y que temen que la inundación de billetes verdes genere una nueva burbuja financiera.

El ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, afirmó ayer que los países del G-20 podrían introducir en sus conversaciones la posibilidad de limitar el papel del dólar como moneda de reserva global, a favor de una canasta que incluiría el real brasileño y el yuan chino. "La economía de Estados Unidos solía reinar, era la economía más fuerte en el mundo y se levantaba sobre otras", dijo Mantega en una conferencia de prensa en Seúl. "Ese ya no es el caso en la actualidad", afirmó el político que hace pocas semanas acuño el término guerra de divisas para referirse a la situación actual en los mercados cambiarios.

Un informe publicado ayer por el think tank estadounidense The Peterson Institute for International Economics señala que seis países (China, Hong Kong, Malaisia, Singapur, Suiza y Taiwán) están interviniendo sus monedas para lograr ventajas competitivas desleales. El informe afirma que la infravaloración del yuan ha aumentado desde que Pekín anunciase en junio que lo dotaría de una mayor flexibilidad, porque la ligera apreciación frente al dólar ha sido más que compensada por la depreciación adicional frente a otras divisas.

Importancia del empleo

Aunque la batalla monetaria copa el interés de la cumbre, desde distintos foros se reclama un protagonismo similar para las políticas de empleo. La Organización Internacional del Trabajo publicó ayer un informe en el que destaca que el paro ha seguido creciendo este año en 10 países del G-20, y ha decrecido en otros ocho (fundamentalmente, los emergentes). Eso sí: el crecimiento del empleo no ha sido suficiente para revertir el deterioro generado por la crisis económica en los mercados laborales.

La OIT calcula que hay 210 millones de desempleados en el mundo, una cifra nunca conocida y que supera en 30 el registro de 2007. Al tiempo, los salarios reales se sitúan hoy un 4% por debajo de los anteriores a la crisis. La OIT calcula que los países del G-20 deberán crear 21 millones de empleos anuales durante la próxima década solo para compensar el incremento de la población activa. El presidente de la OIT, Juan Somavia, que participará en las reuniones, reclamó al G-20 que "ponga más atención a las políticas de empleo productivo y de crecimiento con alto coeficiente de empleo".

Los sindicatos españoles CC OO y UGT coincidieron ayer en reclamar que el paro centralice la agenda del G-20, junto con la reducción de la pobreza. Además, reclamaron a los líderes reunidos en Seúl que fijen un impuesto internacional sobre las transacciones financieras. Según sus cálculos, una tasa del 0,005% podría generar 33.000 millones de dólares anuales (unos 24.100 millones de euros), que servirían para financiar políticas de desarrollo globales y de paso limitaría la especulación financiera.

La cifra

25,5% Reducción mensual del superávit comercial de la Unión Europea frente a Estados Unidos en septiembre, favorecida por la depreciación del dólar.