EDITORIAL

El euro añade piezas que faltaban

Desde el viernes, la zona euro y la Unión Europea, en general, son potencialmente más fuertes. El acuerdo alcanzado en Bruselas por los 27 socios comunitarios contempla la revisión del Pacto de Estabilidad, para añadirle rigor y fiabilidad; la introducción de un plan de supervisión macroeconómica, para corregir las divergencias competitivas entre los socios, y la instauración de un fondo permanente de rescate para los países del euro que atraviesen serias dificultades presupuestarias. Las tres medidas servirán para reforzar los cimientos de una Unión Monetaria que se tambaleó entre los días 7 y 9 de mayo de este año, cuando la crisis de la deuda soberana llegó al paroxismo. Los líderes europeos descubrieron entonces que la zona euro había ido sumando socios desde su nacimiento -el próximo 1 de enero Estonia se convertirá en el decimoséptimo-, pero había dejado sin completar la estructura política e institucional creada hace ya casi dos décadas.

Faltaban piezas tan fundamentales como la "hucha común" que hubo de crearse a toda prisa a raíz de la escalada del coste de financiación de la deuda pública que acabó sacando a Grecia de ese mercado. La crisis también confirmó las carencias de un Pacto de Estabilidad centrado en el cumplimiento aritmético de los límites de déficit público (3% del PIB) y deuda (60%), pero sin ninguna capacidad para velar por la sostenibilidad de las finanzas públicas. Y se descubrió demasiado tarde que la Unión no disponía de ningún instrumento para medir y prevenir desequilibrios económicos, como las burbujas inmobiliarias, tan dañinos como los derrapes fiscales. A juzgar por los acuerdos alcanzados en el Consejo Europeo celebrado en Bruselas los pasados jueves y viernes, da la impresión de que los 27 han extraído las lecciones adecuadas de la traumática primavera.

El Pacto de Estabilidad incorporará sanciones más rápidas y eficaces. La Comisión Europea establecerá una serie de parámetros para detectar y corregir problemas macroeconómicos como la falta de productividad de un país. Y el fondo temporal, que expira a mediados de 2013, se sustituirá por uno permanente, aunque ello suponga tener que renegociar el Tratado de Lisboa como exige Berlín. Se trata, sin embargo, de acuerdos políticos que deberán plasmarse en iniciativas legislativas concretas. Y mientras dure su tramitación, y a falta de saber el resultado final, sólo se puede decir, como queda dicho, que la zona euro es más fuerte potencialmente.

Los trabajos previos a la cumbre, encauzados por el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, en un Grupo de Trabajo del que han formado parte los ministros de Economía de la zona euro, ya han demostrado que las promesas de rigor fiscal y vigilancia presupuestaria pueden diluirse durante el curso de las negociaciones. La aplicación cuasi automática de las sanciones por desacato de las instrucciones europeas sobre austeridad fiscal ha desaparecido, por ejemplo, como consecuencia de las exigencias planteadas por Francia. En ese caso, la corrección resulta acertada, porque parece lógico que la imposición de sanciones siempre esté sujeta a un control político. Pero no puede descartarse que durante la tramitación de los reglamentos del Pacto otros países planteen reclamaciones menos justificadas y más dañinas para la gobernanza económica.

Por ese motivo, habría que reservarse el juicio definitivo sobre los acuerdos del viernes hasta que se rematen las reformas anunciadas. Hay demasiadas incógnitas todavía sobre el resultado final. No se sabe, por ejemplo, la dimensión ni estructura del futuro fondo permanente. Ni la participación del sector privado, mediante la reestructuración de la deuda, en el posible rescate de un país, un tema que provocó el viernes un enconado enfrentamiento entre el presidente francés, el conservador Nicolas Sarkozy, y el del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se alineó con la posición de Fráncfort a favor de excluir la aportación de la banca. Una prueba de que la negociación pendiente puede generar alianzas inesperadas y abocar a resultados imprevisibles. Esperemos que, en todo, al final encajen las piezas por el bien del futuro de la zona euro.