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Columna

Río Tinto y BHP se arrugan

La alianza entre Río Tinto y su rival BHP Billiton finalmente se ha arrugado, algo que no ha sorprendido a casi nadie. La operación, que habría sumado a los dos mayores productores de hierro de la región de Pilbara, en el oeste de Australia, fracasó por los reguladores. Después de más de un año de incertidumbre, el consejero delegado de Río, Tom Albanese, podrá ser relevado. Albanese primero acordó una alianza con BHP, que había codiciado el mineral australiano de Río desde hacía tiempo, cuando la compañía estaba cargada de deudas. Río incluso dio a su rival el derecho a nombrar el primer consejero delegado de la empresa conjunta.

Mientras la compañía se sostiene con fondos públicos, los accionistas pierden la fe hace tiempo. Aún así, unas horas después de que la operación se hay roto formalmente, la capitalización conjunta de Río y BHP cayó alrededor de 4.000 millones de dólares. Eso es mucho menos que los 10.000 millones de ahorro que las compañías esperaban, cifra considerada conservadora por los analistas.

Un golpe mayor es el hecho de que los organismos antimonopolio rechazaron de plano las reclamaciones de Río alegando que la alianza no perjudicaría la competencia. Albanese argumento que las dos partes serían incapaces de coludir en el precio del hierro. Los reguladores en Corea, Europa, Japón e incluso Australia discreparon. Los accionistas tienen mucho para consolarse. El crecimiento orgánico de Río parece fuerte, y la compañía espera incrementar su capacidad de mineral de hierro un 50% hasta 2015. Los signos de interrogación permanecen sobre los proyectos de Mongolia, y el yacimiento en Guinea, en el que Río ha perdido la mitad de sus derechos. Sin embargo, si estos proyectos se materializan, Río tendrá más impulso. Esto debería ser suficiente para mantener a Albanese en su puesto. Pero ha tenido tres fallos desde que comenzó su mandato y haría bien en agarrarse a su labor durante un tiempo.

John Foley / Una Galani

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