TRIBUNA

Paisaje en las relaciones con los agentes sociales

Casi tres semanas después de la jornada de huelga, toca hacer valoraciones. ¿Conseguirá los objetivos por los que fue convocada?

Se habló de un seguimiento del 70%, otros de un 30%, otros incluso menos. Por el consumo de energía eléctrica, la apertura de comercios y la actividad de las empresas del sector servicios, dio la sensación de que la participación no fue muy alta.

Si el objetivo de la huelga era la retirada de la reforma laboral, tampoco la huelga va a suponer un éxito. El Gobierno no creía en la reforma laboral. Por eso no ha tenido el alcance que se necesita. En mi opinión es una reforma técnica, que aunque aporte matices y algunos cambios, no transmite un mensaje de cambio real en el sistema de relaciones laborales. Las reformas han venido impuestas desde la Unión Europea y los mercados internacionales y el Gobierno no va a poder retirarlas. De hecho, las reformas van a seguir. La próxima será la del sistema de pensiones.

Probablemente los agentes sociales se volverán a sentar a la mesa de negociación. Al parecer, el Gobierno está dispuesto a pactar aspectos importantes de los reglamentos que desarrollarán la reforma laboral, como la regulación de los expedientes de regulación de empleo (ERE), los descuelgues salariales y las bonificaciones a las cuotas de la Seguridad Social. Habrá que esperar.

Los sindicatos suponen uno de los contrapesos que la democracia precisa y su prioridad es velar por los intereses de los trabajadores en el sistema económico y empresarial. ¿Responden en la actualidad a este perfil? Desde el inicio del sistema constitucional español de 1978, los sindicatos iniciaron un camino desde la confrontación ideológica con la empresa hacía la colaboración y la defensa de los intereses de trabajadores, respetando el interés común de la creación de riqueza por el proyecto empresarial.

La huelga del pasado 29 de septiembre, junto a otros aspectos, contribuye a pensar que los sindicatos están recorriendo un viaje de vuelta a una fuerte ideologización. Vídeos ofensivos ofreciendo una imagen cutre pero irreal del empresario, declaraciones altisonantes, los excesos de algunos piquetes…. no ayudan a mostrar una imagen acorde con el mundo actual y con las necesidades reales de los trabajadores. La factura de la huelga, en lo que a costes para el país y las empresas se refiere, aunque menos de las previstas por su seguimiento menor, tampoco son una buena noticia para la maltrecha economía española. El fin de fiesta, en el que un líder sindical afín al Gobierno comparece junto a una vicepresidenta del Gobierno con amables palabras y gestos; un ministro de Trabajo que evita cualquier declaración que pueda molestar a los sindicatos ha llevado a algunos a hablar de "huelga amiga". Sea como fuere, parece que una huelga general es una cosa más seria y que para este viaje no hacían falta estas alforjas.

Para acabar una referencia más a los vídeos protagonizados por el mediático chikilicuatre, uno de los recuerdos de la huelga que quedarán en el imaginario colectivo. Esos vídeos en los que se ridiculiza a los empresarios para que quien los vea no descubra en ellos a emprendedores, a personas que agudizan su creatividad para llevar adelante una iniciativa, que arriesgan su patrimonio y que en no pocas ocasiones duermen mal porque tienen que echar a trabajadores. Cierto que no todos son así, pero son muchos más que los que responden al perfil chikilicuatrero. Y no es menos cierto que, junto a los trabajadores, serán los que van a contribuir más para salir de la crisis. Probablemente más que, visto lo visto, sindicatos, Gobierno y todos los partidos de la oposición juntos.

Jordi Costa. Profesor de EADA y experto en relaciones laborales