EDITORIAL

Riesgo con generosa rentabilidad

Los inversores más osados tienen una gama de oportunidades de alta rentabilidad que, sin embargo, comportan un riesgo no apto para todos los públicos. Las materias primas o las economías emergentes aportan en estos momentos crecimientos impensables en otros activos, como la renta variable o, con mayor motivo, la renta fija. Como muestra, los rendimientos obtenidos desde mínimos en algunas commodities son incuestionables, y superan sobradamente el 15% en la mayoría de los derivados ligados a las materias primas. En algunos casos -como la avena-, rebasan el 50%.

Se trata, sin embargo, de unos activos muy complejos, pues es imposible invertir directamente en productos como el oro -considerado valor refugio con una revalorización del 23% desde mínimos-, el níquel, el cobre y el paladio o en alimentos como el zumo de naranja, el arroz o el algodón, entre otros. Son inversiones que se efectúan a través de futuros, lo que exige la intervención de especialistas facultados para operar en estos mercados de derivados. Pero además, los ahorradores seducidos por las ganancias que brinda esta inversión han de tener un temple especial y un conocimiento técnico notable si pretenden jugar con el altísimo riesgo que implican. Porque el requisito principal para entrar con solvencia en este territorio inversor es estar seguro de cuál es la verdadera disposición al riesgo. En definitiva, es tan fácil dejarse tentar por el dinero fácil y rápido, como arrepentirse de haber caído en la tentación.

Aun así, algunos fondos ofrecen una puerta más asequible a esta inversión y, aunque no exentos de peligro, arrojan una apetitosa rentabilidad del 10% desde mínimos. Algo similar ocurre con los países emergentes, los únicos que hoy por hoy disfrutan de fuertes crecimientos. Aquí, las alternativas son mayores, desde acciones de empresas que cotizan en las plazas locales a renta soberana e, incluso, para los más prudentes, fondos gestionados por expertos en unos mercados que son tan desconocidos como atractivos.

Rentabilidad y riesgo están íntimamente ligados y cada quién debe medir bien sus expectativas. Frente a estas inversiones más atrevidas, el escenario a medio plazo que se entrevé, especialmente en las economías desarrolladas, es de crecimientos tenues y tipos de interés bajos. En estas circunstancias será un verdadero éxito sacar rendimientos que permitan, incluso, compensar una inflación que ya empieza a remontar. Afortunadamente, la oferta que hay en el mercado es lo suficientemente amplia como para satisfacer las pretensiones de los más conservadores, pero también la de los más valientes. En este clima volátil e incierto, la diversificación es una vez más la mejor garantía para cubrir las inversiones.