COLUMNA

La mala suerte de Irlanda

Irlanda está siendo devorada por sus bancos. El rescate a sus abultadas entidades bancarias elevará el déficit presupuestario del país de este año a un sorprendente 32% del PIB. El Gobierno tiene razón al suponer lo peor, a pesar que el verdadero coste del rescate no se sabrá claramente en años. Su próximo reto, controlar el déficit estructural.

La recapitalización es el último intento del Gobierno para llenar el aparente foso sin fondo que equivale al balance del Anglo Irish Bank, uno de los tres mayores bancos del país. El Estado destinará 6.400 millones de euros adicionales para un rescate total de 29.300 millones. Este cálculo se basa en el supuesto de que Anglo Irish transfiera sus problemas crediticios restantes a la agencia estatal NAMA, el 33% de su valor nominal, frente al promedio del 42% de las transferencias anteriores. Pero si el recorte resulta ser aún más grave, el banco necesitará 5.000 millones de euros más. Si a esto se añaden los 2.700 millones de euros adicionales que Irlanda inyecta en Irish Nationwide Building Society y los 3.000 millones más en Allied Irish Bank, son casi un error de redondeo.

Irlanda espera que esta recapitalización sea la última. Su trayectoria hasta el momento no es alentadora. Seis meses atrás, el ministro de Finanzas, Brian Lenihan había fijado el coste del rescate en menos de 20.000 millones. La deuda local, que se situó en el 25% del PIB antes de la crisis, se elevará a 99% del PIB por el último megadéficit. Incluso si se excluyen las ayudas a los bancos, Irlanda tendría que financiar el 12% del PIB de este año. La reducción del déficit por debajo del 3% del PIB en 2014, como prometió Lenihan, requerirá nuevos recortes de gastos.

La presentación en noviembre de un plan presupuestario creíble de cuatro años será un primer paso crucial para recuperar la confianza de los mercados. Pero incluso si Lenihan dirige el recorte, como parece probable, será apenas una parte de la respuesta.

Por Peter Thal Larsen