Déficit público

Crecer o no crecer

Una de las características de las recesiones es que aumentan los déficits públicos ya que los ingresos caen por la menor actividad y los gatos asociados a la prestación por desempleo aumentan. La historia nos demuestra que si los gobiernos son procíclicos y reducen los gastos en la recesión para no incurrir en déficits, los costes sociales en términos de cierre de empresas y pérdidas de puestos de trabajo aumentan.

En España la recesión ha sido la más intensa en décadas pero de no haber actuado la política fiscal y la monetaria nuestro PIB habría caído próximo al 10%, nuestra tasa de paro habría superado el 25% y se habría llevado por delante nuestro sistema bancario. Por lo tanto, y aunque se han cometido errores como la subida del sueldo de los funcionarios del 3,5% en 2009 y la devolución de los 400 euros que se anunció como transitoria y no modificó las expectativas de renta permanente, traduciéndose en un aumento de la tasa de ahorro de las familias de la misma magnitud, el déficit público ha evitado una depresión y una deflación.

Apagado el incendio, es necesario drenar el agua para que el déficit y la deuda pública no acaben dañando al edificio. Cuando uno se enfrenta a un déficit del 11% del PIB, nueve de cada diez economistas recomiendan atacarlo por los tres frentes: recorte del gasto, subidas de impuestos y crecimiento económico, lo difícil es acertar con la combinatoria óptima. El Gobierno comenzó subiendo impuestos y luego se vio forzado por la crisis griega a acelerar su plan de consolidación presupuestaria y aplicó un Plan de Austeridad para recortar el gasto público en julio y el déficit primario se ha reducido a la mitad en lo que va de año. El otro día el consejero delegado de una gran multinacional que estaba interesado en invertir en nuestra querida España me preguntaba cómo es posible crecer con una reducción del déficit de esa magnitud. Porque las familias y empresas han sobrerreaccionado y están ahorrando un 8% del PIB y están normalizando su ahorro y porque España es una economía muy abierta y la mitad del crecimiento proviene del exterior.

Ahora las dudas se centran en las previsiones de crecimiento para 2011. Da igual que hayamos sido el país junto a Alemania con mejor comportamiento en nuestras exportaciones de bienes en el último año, que nuestras pernoctaciones turísticas de extranjeros durante el verano hayan superado las del verano de 2008, que hayamos registrado el mayor crecimiento del consumo privado durante el primer semestre de 2010 de los países desarrollados, que el PIB ex construcción esté creciendo un 1,5% anualizado y que eso permita que el sector servicios ya esté creando empleo neto, seguimos inmersos en la duda metódica.

Aunque el debate se centra sobre la previsión de PIB real, para estimar la recaudación la variable determinante es el crecimiento nominal de la demanda interna y la previsión oficial es 0,4% real más una inflación que esperamos del 1,5%. Observando el comportamiento reciente de nuestra economía y salvo un empeoramiento de las condiciones financieras y del comercio internacional parece que el Gobierno se volverá a quedar corto en su previsión de ingresos para 2011. Por lo tanto, la clave del éxito de la consolidación estará en el gasto y sobre todo en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos.

José Carlos Díez. Economista jefe de Intermoney