Un nuevo escenario de exigencias y oportunidades.
La crisis internacional sin precedentes que padecemos en un mundo, además, globalizado y multipolar en el que van ganando cada vez más peso las economías emergentes y no sólo como competencia, sino también como centro neurálgico de la actividad económica, del desarrollo y del crecimiento, está propiciando la irrupción de un nuevo orden mundial en el que el conocimiento, la innovación, el talento y la inversión en I+D constituyen aspectos clave de posicionamiento. Un mundo en que la competitividad se sitúa como la clave esencial de supervivencia y de futuro.
Enfrentarse a este escenario nuevo, cambiante y exigente, implica ante todo apostar por el logro de una economía acorde. Una economía industrial, tecnológicamente avanzada, de innovación y alto valor añadido que nos permita seguir siendo un país próspero, con un nivel de vida elevado y un grado de desarrollo creciente.
Las empresas, por ejemplo, debemos ser conscientes de que a mayor competencia se impone mayor necesidad de diferenciación y de inversión y que tendremos, además, que contar con un tamaño mínimo para competir, contemplando más que nunca la necesidad de alianzas y fusiones, especialmente entre las pymes. Deberemos ser conscientes de que, además de productos con calidad y buen servicio, tenemos que salir a vender, que habrá que internacionalizarse, exportar, gestionar e innovar, aprovechando las oportunidades allí donde se nos brinden.
Todo ello desde nuestra base industrial. El nuevo modelo de crecimiento económico mundial que se está gestando va a estar, por primera vez desde hace mucho tiempo, basado en un aumento de la demanda global de bienes de consumo y de inversión, y en un modelo así, nuestro tejido productivo tiene muchas cosas que decir. Tenemos una ocasión única: un nuevo mercado con 3.000 millones de personas requiriendo productos, infraestructuras y servicios que la industria vasca puede proporcionar y no ya sólo en los campos tradicionales, sino también con nuevos productos y actividades como, por ejemplo, el coche eléctrico, las biotecnologías, las energías renovables y un largo etcétera. Si somos capaces de aguantar esta coyuntura y de trabajar codo a codo todos juntos para tener un mejor posicionamiento en ese escenario, podremos hacer grandes cosas.
Las instituciones van a ser también responsables de hacer que todo ello funcione, estando obligadas a realizar su propia aportación a estos objetivos. Además de austeridad y eficacia es importante que creen un entorno favorable al desarrollo e impulso de la actividad económica, que apuesten por lo prioritario, liderando con mayor valentía y profundidad las reformas estructurales que siguen siendo necesarias para ganar competitividad y para favorecer la recuperación. Es esencial también que trabajen en sintonía con las empresas. En el caso de Euskadi, la exitosa colaboración público-privada, que ha sido nuestra seña de identidad, constituye, de hecho, un ejemplo de cómo debe actuarse también para ganar el futuro.
Tenemos, por otra parte, la posibilidad de recuperarnos antes y de competir mejor, si contamos con personas adecuadamente formadas y cualificadas, y si sensibilizamos a la sociedad respecto al nuevo escenario, tomando conciencia de que hay un antes y un después, de que es necesario recuperar formas de actuar, así como conceptos y valores como la austeridad, la responsabilidad, el compromiso y el amor por el trabajo bien hecho. En el caso de la sociedad vasca y sus empresas representan la base de nuestro actual desarrollo y forman parte tanto de lo que somos como de lo que queremos ser.
Las crisis implican cambios, cambios acelerados, muchas veces imprevisibles, amenazantes, que provocan perplejidad y resistencia, al poner en cuestión todo lo logrado. Sin embargo, también pueden ser fuente de oportunidades. Oportunidades que no surgen de la nada, sino que dependen, ante todo, de nosotros mismos, de cómo manejemos los tiempos, las energías y las actuaciones necesarias para sembrar el futuro y posicionarnos adecuadamente en él. Esa es quizá la mejor estrategia y la mejor lección que podemos extraer de lo que ahora nos toca vivir.
Miguel Lazpiur. Presidente de la patronal vasca Confebask