29 S. La respuesta sindical a la crisis

El impacto económico de la jornada del 29-S

Al plantearse los efectos económicos de una huelga es necesario diferenciar los efectos cuantitativos directos, es decir su efecto sobre el PIB, así como los efectos más a largo plazo y los efectos sobre la percepción de la economía que la huelga genera. El efecto más directo de la huelga sobre el PIB puede calcularse como una pérdida equivalente al resultado de dividir el PIB del año entre el número de jornadas laborales anuales. De la misma forma puede determinarse el ahorro en salarios para las empresas y el efecto doble sobre las Administraciones públicas, la disminución en cotizaciones a la Seguridad Social y el ahorro en nóminas correspondientes a funcionarios y otros trabajadores públicos.

En la última huelga general, la que los sindicatos plantearon al Gobierno Aznar en 2002 algunas estimaciones arrojaban una cifra cercana a una pérdida para cada trabajador que seguía la huelga de 70 euros por persona, que teniendo en cuenta la evolución salarial desde ese momento se situaría en el momento actual en una cifra cercana a los 90 euros por empleado. No obstante la exactitud de estos cálculos depende del seguimiento de la huelga general, en estos momentos las sensaciones son de una huelga con escaso seguimiento.

¿Por qué este escaso seguimiento? Los sindicatos defienden que la reforma laboral supone un recorte de derechos laborales como ningún Gobierno había llevado a cabo anteriormente. Pero lo cierto es que la reforma mantiene la indemnización por despido para los trabajadores que ya tienen un contrato fijo y plantea una indemnización más generalizada a 33 días para los nuevos contratos. Teniendo en cuenta el actual nivel de paro entre los jóvenes y con una tasa de paro cercana al 20% es normal que mucha gente considere esta medida como aceptable si contribuye a facilitar la contratación en el futuro de los segmentos de trabajadores con mayor tasa de paro.

En el caso de la congelación de las pensiones, está claro que una mejor gestión del dinero público en el pasado, con menos gastos sin sentido como el cheque bebé o la devolución de los 400 euros, podría haber contribuido a medidas de recorte menos drásticas, pero el pasado no sirve para encarar el presente, y está claro que la economía española está fuertemente endeudada y que la única forma del Gobierno español de conseguir la financiación que tanto necesita era dar a los mercados financieros un mensaje muy claro de compromiso con la reducción del déficit. Muchos culpan a los mercados financieros de esta situación, pero ¿por qué estas voces no se oyeron en las épocas de bonanza cuando los flujos financieros procedentes del exterior favorecieron el crecimiento de la economía?

Desde mi punto de vista, el Gobierno poco cambiará su política económica tras la huelga general, básicamente porque no tiene margen para ello. Es cierto, y en eso los sindicatos tienen toda la razón, que el Gobierno ha dado un giro drástico en su política económica, pero la pertenencia al euro, la necesidad de financiar el déficit con un alto paro y un bajo crecimiento obligan a un ejercicio de pragmatismo.

En cuanto a la reforma laboral, sería un engaño considerar que será el brebaje mágico que impulsará la creación de empleo. La creación de empleo necesita de un aumento de la demanda, a lo que contribuirá el crecimiento de los países de la zona euro que empiezan a recuperarse, en especial Francia y Alemania. La recuperación de empleo también requiere de una mejora de las condiciones de financiación de las empresas, es el deterioro de la situación financiera una de las variables que más dificultades ha supuesto para las empresas, y en este sentido hay margen para elaborar políticas económicas más eficaces.

Por último, existen toda una serie de reformas que la economía española necesita y que son indispensables para afrontar el cambio en la estructura productiva que permita un crecimiento sostenido en el futuro, en el contexto de la zona euro y en una economía mundial donde Europa pierde peso a favor del eje del sudeste asiático.

Juan Pedro Aznar. Profesor del Departamento de economía de esade (url)