ANÁLISIS

¿Quiénes son, en realidad, los inversores?

En un interesante libro puesto a la venta por la London School of Economics, un grupo de expertos -que incluye académicos, profesionales de la inversión, columnistas del FT como Martin Wolf o Simon Johnson, ex economista jefe del FMI- analiza el futuro de las finanzas a la luz de los fallos o disfuncionalidades de los mercados financieros que derivaron en el crac de 2008, "el evento económico más dañino desde la Gran Depresión".

Además de abundar en algunos temas habituales, como la inverosímil idea de que el mercado es siempre eficiente, el papel de los banqueros centrales o la política de incentivos en el sector financiero, aborda un tema muy a pie de calle. La delegación del trabajo de invertir/ahorrar y las diferencias de información.

El dinero que uno ha podido ahorrar acaba siendo gestionado en muchas ocasiones por terceros. Pero, también en muchas ocasiones, los intereses de estos terceros no son los mismos que los del ahorrador final, para un gestor de fondos el puesto de su fondo en los rankings puede tener más importancia que la rentabilidad que obtiene el partícipe. O, si se opera con dinero de otros, la rentabilidad a corto plazo gana importancia frente a la reducción de riesgos de contrapartida (caso Madoff)

Por otra parte, cuando se delegan las inversiones, suele ser a personas con más información, pero eso es un arma de doble filo. Baste recordar en qué condiciones se han comercializado las participaciones preferentes entre los inversores particulares.

Los autores del estudio señalaban que las malas prácticas en el sector financiero sientan las bases de las crisis. Pero al inversor particular esto debería preocuparle menos; lo importante es que sepa qué se está haciendo con su dinero, y si las entidades en las que ha delegado merecen esa confianza. En este sentido, no sólo el sector financiero debería cambiar muchas de sus prácticas y los reguladores confiar menos en la buena fe del prójimo; una mayor educación financiera es el mejor regalo que los inversores particulares pueden hacerse a sí mismos y a los demás. No es tan difícil, sólo hace falta una calculadora y leer un poco.