La reforma no logra crear empleo fijo
La reducción del paro registrado en julio en más de 73.000 personas y el aumento de la afiliación en 62.541 nuevos cotizantes ocupados denotan una incipiente recuperación económica que, aunque débil, debe ser valorada de forma positiva. Sin embargo, sería erróneo colegir de ellos que la economía española está saliendo de la sima en la que se encuentra atrapada. Desgraciadamente, todo apunta a que tardará mucho tiempo en cobrar suficiente dinamismo como para reducir las tasas de desempleo, hoy superiores al 20%, de forma significativa.
Por tanto, el dato de julio es estimulante, pero no debe distraer la realidad, si tenemos en cuenta que el empleo creado es coyuntural y que tiene todos los atributos como para desvanecerse en otoño. Los datos desestacionalizados revelan que el número de parados se reduce tan sólo en 37.000 personas y la afiliación incluso cae en 34.000 nuevos cotizantes. Además, los sectores que han demandado y contratado mano de obra apuntan en el carácter volátil de la ocupación: comercio, hostelería y sanidad (que contrata masivamente para reforzar los ambulatorios y hospitales de las zonas turísticas) concentran más del 80% de los nuevos cotizantes.
Pero los datos de julio, que mantienen la tendencia de las últimas semanas de junio, arrojan serias dudas sobre la eficacia de la reforma de la contratación aprobada por el Gobierno, ya que la fija desciende de forma apreciable, por debajo incluso del 7%. El Gobierno ha centrado los esfuerzos normativos en la generalización a todos los colectivos posibles del contrato de fomento de empleo con 33 días de despido, al que ha añadido nuevos incentivos y la posibilidad de trasvasar parte del coste del despido al Fondo de Garantía Salarial. El uso de tal contrato en julio se ha reducido un 39% respecto al mismo mes del año anterior, cuando la crisis arreciaba más que ahora, y se convierte en el mejor ejemplo de cómo las empresas han ninguneado la apuesta laboral del Ejecutivo.
Es pronto para sacar conclusiones definitivas sobre la actitud de los empresarios ante la reforma, pero es una señal inequívoca de que las cosas no se han hecho de la mejor de las formas si los empleadores ignoran los nuevos mecanismos, por facilidades que le proporcionen. El hecho de que determinados detalles de la norma, como la puntualización de las causas del despido objetivo, sigan en cuarentena parlamentaria, puede inhibir las decisiones empresariales, aunque seguramente la razón que más pesa en ellas es la escasa visibilidad sobre el futuro de la actividad económica. Y la reforma del mercado de trabajo no contribuye precisamente a mejorarla, ya que no ha entrado a fondo en la reducción de todos los costes laborales, que es la clave para que la elasticidad del empleo mejore, ni en la racionalización de la selva de contratos existente.