EmpleoyDirectivos

Rectores, más vocación que profesión

Dirigen los campus españoles. Su mandato es de cuatro años y entienden el cargo como una responsabilidad social.

Dicen que llegar a ser rector forma parte de un proceso evolutivo de la carrera de aquella persona que vive por y para la universidad. "Si eres universitario acceder a este puesto es una distinción, un orgullo y una responsabilidad", afirma Federico Gutiérrez-Solana, presidente de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) y rector de la Universidad de Cantabria, que destaca que es importante no querer ser rector por "el placer del cargo sino por lo que implica de responsabilidad social". Es la máxima autoridad del campus, elegido por la comunidad universitaria y para lo que se requiere ser catedrático. æpermil;ste sistema de elección es cuestionado por distintas voces, que piden promover un modelo de gobernanza universitaria más profesional y eficiente, a la vez que recomiendan que el rector pueda no ser miembro de la universidad, ni tan siquiera académico, con el fin de que adquiera un perfil más de consejero delegado, capaz de rodearse de un buen equipo.

"Es un reto, un orgullo, a veces una circunstancia, pero no una profesión", asegura Alberto Gago, que tras ocho años dedicado a la gestión universitaria acaba de finalizar su mandato en la Universidad de Vigo y volverá a la actividad docente e investigadora, algo que, en caso de posponerse más tiempo, podría suponer una reincorporación más difícil. "No imparto docencia desde 2004 y no tengo actividad investigadora digna de este nombre desde 2003, y ocho años es mucho tiempo en investigación", afirma. Porque si algo tiene el puesto es que es "muy absorbente", advierte José María Sanz, rector de la Universidad Autónoma de Madrid, que destaca la gran oportunidad que ofrece el cargo de vivir una experiencia única con retos importantes, como conseguir que los campus sean de excelencia, la contratación de los mejores profesores o la búsqueda de estudiantes en cualquier lugar del mundo.

La responsabilidad es alta pero el poder del rector es limitado. Trabaja en una institución con un sistema de gobierno distribuido, "a la que se le pide que sea creativa, autosuficiente y que esté en permanente cuestionamiento de las cosas", afirma Senén Barro, que acaba de dejar el sillón de rector de la Universidad de Santiago. "Por convencimiento se logra que los grandes proyectos salgan adelante dentro de una universidad, pero también tenemos que conseguir que toda la comunidad sea cómplice porque sin ello es imposible hacer nada", prosigue Barro.

La ilusión es un componente importante en esta figura, ya que, además poner en marcha proyectos, son gestores de personas. Con ganas cogió, hace año y medio, el cargo en la Universidad Autónoma de Barcelona, Ana Ripoll. "Cuando me lo propusieron pensé que tenía un proyecto y que podía devolverle a la universidad una parte de lo que me ha dado a mí", dice la rectora, que previamente fue vicerrectora de profesorado. Su objetivo, y a ello le dedica las más de 12 horas que trabaja al día, es que la Autónoma de Barcelona sea un campus de referencia en Europa. Y advierte que lo más difícil es poder llegar a toda la comunidad que dirige: 40.000 alumnos y 5.000 profesores. "Exige mucha dedicación porque tienes que abordar todos los ámbitos y conocer todos los problemas. Delego en el equipo pero me gusta estar informada de todo", señala Ripoll, a la que le gustaría tener más tiempo para dialogar con la gente, "eso es lo más difícil".

También Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense de Madrid, con unos 88.000 alumnos y unos 6.000 profesores, le gusta estar en contacto con los que integran el campus. "Es la mayor satisfacción que tenemos, poder compartir inquietudes y, sobre todo, estar en contacto con la gente joven". Aunque también reconoce que no son buenos tiempos para los rectores, sobre todo por las dificultades económicas que viven. "Tenemos que ser creativos a la hora de buscar fórmulas para ahorrar y fijar un plan económico viable", reconoce Berzosa, que asegura que lo positivo del puesto es que "puedes hacer cosas en las que crees, de reconocimiento y de prestigio porque nuestro objetivo debe ser conseguir tener centros de referencia académica", añade el rector de la mayor universidad de España, tras la UNED. La dimensión es un factor a tener en cuenta. A Berzosa le gustaría disponer de un campus más pequeño, de un tamaño más razonable, tomando como referente a Harvard en dimensión, capacidad investigadora y calidad docente, "pero teniendo en cuenta la visión latina y crítica de los procesos sociales".

La duración del mandato de un rector en España está fijada en cuatro años, pero lo normal es que se permanezca en el cargo durante dos ejercicios. "Es lo ideal, aunque soy partidario de un mandato un poco más largo, de seis años, porque te da tiempo a que cuajen los proyectos", afirma José María Sanz, a quien le quedan todavía tres años por delante. "Tengo mucho trabajo por hacer y sensaciones por vivir". Los dos rectores gallegos, Senén Barro y Alberto Gago, coinciden en que con ocho años es suficiente. "Si estás más tiempo pierdes frescura y hay que entender que ser rector no es una profesión, es una coyuntura, lo mío es ser profesor e investigador. Lo difícil es volver luego a la cotidianidad y no caer en el adocenamiento", dice Barro. Y hay que irse cuando todavía se está en la plenitud, matiza Gago, que se ha planteado su marcha como fruto de una reflexión personal. "No puedo llegar a los 60 años y no saber qué hacer con mi vida, ahora estoy con plenas facultades para seguir con mi carrera investigadora".

Entre las dificultades que tienen los rectores, además de las económicas, como ha apuntado Berzosa, se encuentra la escasa flexibilidad de las estructuras académicas, "que hacen que todos estos retos no sean fáciles de desarrollar y lastran a la universidad a la hora de tomar iniciativas", dice el rector de la Autónoma de Madrid. La brecha que existe entre la toma de decisiones y la puesta en marcha de los proyectos desespera a más de uno. "Deberíamos ser más ágiles", dice Sanz. A la rectora de la Autónoma de Barcelona le gustaría descentralizar algunos centros para dotarles de un mayor ritmo, a la vez que poder asumir "mayores competencias de funciones y de decisiones".

Todos coinciden en que el cargo de rector exige máxima dedicación, "nunca desconectas", dice Ripoll, que puede desempeñar cómodamente su puesto gracias a la complicidad de la familia. "Antes de aceptar el cargo tuve una charla con mi familia y llegamos al compromiso de respetar los fines de semana", dice Sanz. Porque no sólo es el trabajo en el campus, sino los viajes y los actos de representación. "O implicas a los tuyos, o lo tienes difícil", dice Alberto Gago.

Perfil. Un carácter más internacional

Las universidades deben incrementar el nivel de internacionalización, tanto de estudiantes fuera de España como de españoles en otros destinos. Pero también han de favorecer la movilidad internacional del profesorado. Esta premisa es la que define el nuevo perfil de rector de una universidad moderna. Así lo asegura Diego Esteban, socio de la consultora de servicios profesionales y selección de alta dirección Russell Reynolds, empresa que ya ha realizado varias búsquedas de decanos y de gerentes tanto en universidades públicas como en privadas. "Es importante que se profesionalicen los órganos de gestión y que se implanten herramientas de dirección", señala este experto.

En cuanto a la figura del rector, asegura que es prioritario que tenga un claro liderazgo y prestigio, "que sea capaz de construir y de motivar a una organización". Y añade que el perfil debería ser parecido al del máximo responsable de una empresa de servicios. "De lo que se trata es de que construya equipos". Y advierte que la universidad pública tiene que tender a diferenciarse de la privada, y acercarse más al mundo empresarial, como hace ésta última. "La universidad ideal es aquella que tenga la excelencia en el conocimiento y en la investigación, a la vez que es cercana a la empresa", dice Esteban, que recalca también el componente internacional.