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A fondo

Hundir un grupo en sólo seis meses

La venta a Posibilitumm no es ni mucho el final de la vinculación entre Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual con el grupo Marsans. Han vendido, sí, pero habrá que ver hasta dónde determina la justicia que ha habido responsabilidad de los antiguos dueños en la creación del agujero que ha llevado en pocos meses a uno de los primeros grupos turísticos de España a solicitar concurso de acreedores. Los dos socios echan las culpas de todo a la situación de Air Comet, sin crédito en las entidades financieras y con unas tarifas a la baja, que obligó a inyectarle fondos que dejaron exiguas las arcas del resto del grupo. También culpan a la expropiación de Aerolíneas Argentinas por parte del Gobierno de Néstor Kirchner. Pero nunca ha habido el mínimo atisbo de autocrítica pública en una gestión, cuando menos dudosa.

Sin negar que estos factores hayan pesado, lo cierto es que Díaz Ferrán y Pascual han tenido la habilidad de pulverizar un grupo turístico en apenas seis meses. Tenían una marca potente y reconocida en el sector, una política de precios bastante competitiva, unos profesionales capacitados y una cartera de clientes -sobre todo el segmento corporativo- envidiada por la competencia y con un grado de fidelización bastante elevado. Todo se ha perdido.

Díaz Ferrán y Pascual han jugado demasiado en la oscuridad en los últimos meses y se han dejado rodear por supuestos pretendientes que trasladaban claramente la mala situación en la que se encontraba el grupo: la firma Batallajuanola, el empresario Arnold Leonora, el dueño de Tremón... Ahora le traspasan las estructuras del negocio a unos desconocidos en el sector turístico y hay que hacer un verdadero ejercicio de fe para creerse que tienen un plan de negocio para Marsans que no acabe con el grupo en la sala de liquidación.

A las puertas del verano

Hay que pensar también en las consecuencias que esto puede tener para la industria turística española a las puertas del verano. Una deuda de 600 millones de euros es una losa para los acreedores, sobre todo los más pequeños, e incluso una barrera infranqueable para continuar su actividad. Una deuda de tres millones de euros para una gran compañía hotelera, lejos de ser un plato de buen gusto, es un obstáculo salvable. Pero no cobrar 300.000 euros para una pequeña red de establecimientos puede significar ir también a concurso. Según documentos no oficiales, la deuda comercial de Marsans estaría repartida entre unas 5.000 empresas.

Para rizar el rizo, la doble condición de Gerardo Díaz Ferrán de presidente de la CEOE y copropietario del grupo Marsans -que ha tenido a trabajadores hasta ocho meses sin cobrar y dejó hace tiempo de cumplir con sus proveedores- hace saltar por los aires cualquier esquema moral. Es de suponer que los acreedores se sentirán doblemente decepcionados con Marsans al tratarse de un cliente que deja de pagar y por ser su antiguo dueño a la vez el líder de los empresarios. Las cuentas no están saldadas y esto no ha hecho sino empezar.

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