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La revolución de las cajas

Fusiones contrarreloj en las cajas de ahorros

La presión del Banco de España y del mercado precipitan un proceso que había estado dormido durante años.

Fusiones contrarreloj en las cajas de ahorros
Fusiones contrarreloj en las cajas de ahorrosPABLO MONGE

Una semana ha bastado para que el sector de cajas de ahorros aborde el proceso de reestructuración que tiene pendiente desde hace años. La intervención de Cajasur, en la madrugada del sábado pasado, ha sido todo un ultimátum del Banco de España, que lleva meses advirtiendo al sector de la importancia de abordar procesos de fusión antes del próximo 30 de junio, en principio fecha límite para que las entidades en dificultades acudan a las ayudas públicas del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), disponible desde hace ya un año.

El sector ha reaccionado con disciplina, a gran velocidad, presionado por el organismo regulador y también por los mercados internacionales, que han visto en las cajas de ahorros un nuevo argumento con el que atacar por el flanco más débil.

La intervención de Cajasur puso de pronto a una remota caja de ahorros en el mapa de las finanzas mundiales, y a España, de nuevo en el disparadero de la inversión especulativa. La decisión en último recurso del Banco de España, después de que la caja cordobesa rechazara una fusión largamente negociada con Unicaja, devolvió al primer plano la inquietud que el sistema financiero español ha despertado entre los inversores desde el inicio de la crisis. No en vano, el cóctel amenazador, que combina una elevada exposición al mercado inmobiliario, un alto endeudamiento de las economías familiares y una desbordada tasa de desempleo, sigue ahí.

"Los inversores institucionales tienen la percepción de que el sistema financiero necesita un ajuste rápido, sobre todo en el sector de las cajas de ahorros", señalaba esta semana un directivo de banca. Y, antes de que se activara de nuevo el mecanismo imparable de castigo de los mercados, los ajustes no se han hecho esperar.

Al día siguiente de la intervención de Cajasur, la CAM anunciaba una fusión virtual con Cajastur -que adquirió la quebrada CCM el año pasado-, Caja Cantabria y Caja Extremadura, que daba lugar al quinto grupo financiero español, por delante de Popular, y a la tercera mayor caja de ahorros, sólo por detrás de La Caixa y Caja Madrid. Pero el ranking varía de forma vertiginosa, las conversaciones se han acelerado y el final de la semana deja nuevos proyectos de fusión. Caja Granada, Caja Murcia y Sa Nostra y Penedès anunciaban el martes conversaciones para una unión virtual. Además, el proceso engloba finalmente a las grandes: La Caixa, que reconoció este viernes conversaciones para absorber Caixa Girona -descolgada de la concentración en Cataluña-, y Caja Madrid, en conversaciones para una fusión virtual con Caja Ávila, Segovia, Insular de Canarias, Rioja y Laietana.

Y junto al baile desenfrenado de fusiones, que por ahora deja al margen a los bancos, esta semana llegó también el que para muchos es el cambio regulatorio más relevante de los últimos años, la propuesta del Banco de España de endurecer las provisiones por insolvencias de los créditos morosos -que deberán estar cubiertos al cien por cien pasado el primer año- y las dotaciones por activos inmobiliarios en balance, que deberán ser del 30% cuando hayan pasado más de dos años desde su adquisición.

Limpieza definitiva del balance

La iniciativa del regulador lanza un mensaje inequívoco al mercado, el de no demorar por más tiempo la pesada digestión del pinchazo inmobiliario, aunque sea a costa de minar la cuenta de resultados de las entidades más débiles, las cajas de ahorros.

La incorporación de activos inmobiliarios al balance -bien por su adquisición a promotoras inmobiliarias en previsión de suspensión de pagos o de adjudicaciones por embargos- y la reestructuración de créditos han sido las fórmulas con las que bancos y cajas han logrado ganar tiempo en los dos últimos años, antes de asumir en sus resultados el verdadero alcance del pinchazo del ladrillo. "Numerosas instituciones, que estaban capeando la actual situación con la esperanza de resolver sus problemas con un margen de tiempo de entre tres y cinco años, reciben ahora la clara advertencia del Banco de España de reestructurarse y limpiar sus balances", añade Credit Suisse.

"La economía española está presionada para mostrar la menor incertidumbre posible. Y el objetivo es que antes del 30 de junio se hayan resuelto todas las dudas sobre el sistema financiero del país, cueste lo que cueste", señala Santiago Carbó, catedrático de la Universidad de Granada y asesor de la Fed de Chicago.

El polémico recorte del gasto público aprobado in extremis esta semana, las negociaciones contrarreloj para alcanzar un acuerdo de reforma laboral y, en el ámbito financiero, la aceleración de las fusiones de las cajas de ahorros y el endurecimiento de las provisiones son todas piezas del mismo puzle, el que pretende mostrar una imagen renovada de la economía española, capaz de afrontar las grandes reformas estructurales que reclama el mercado antes de devolverle su confianza.

El futuro de las fusiones virtuales

Sin embargo, la reestructuración y el saneamiento del sistema financiero se presta al símil con la reforma laboral. "Es necesario absorber el paro de hoy y también sentar las bases para el desarrollo futuro del mercado laboral. Y en las cajas de ahorros sucede lo mismo, no basta con que el FROB asuma el agujero patrimonial de algunas entidades, hay que asegurarse de que las fusiones emprendidas son la solución de cara al futuro", afirma Fernando Mínguez, experto del sector financiero del bufete Cuatrecasas. De hecho, la figura de las fusiones virtuales a la que han recurrido gran parte de las cajas de ahorros -a través del denominado sistema institucional de protección (SIP)- despierta no pocas dudas entre los expertos.

A diferencia de lo que sucede en las fusiones tradicionales, en las virtuales las entidades conservan su sede, su obra social, incluso su red de oficinas, y unifican sus sistemas de riesgos, el cómputo de recursos propios -lo que beneficia al ratio de solvencia de la entidad resultante- y la búsqueda de financiación en el mercado de capitales. El Banco de España establece que, en ausencia de una fusión total, la entidad que participa en una fusión virtual debe comprometerse en el proyecto por al menos 10 años, con penalizaciones si desea abandonar antes.

"Ante la falta de otras opciones, el SIP puede ser muy válido", afirma Justo Alcocer, socio responsable del sector financiero de la consultora PricewaterhouseCoopers. De hecho, estas fusiones frías han permitido la unión de cajas de distintas comunidades autónomas, salvando así el que ha demostrado ser el principal escollo en la reordenación del sector, la influencia política en los órganos de gobierno. Sin embargo, Alcocer también advierte que "existe el riesgo de que si el SIP no se desarrolla con rigor y disciplina, defraude las expectativas. No hay una experiencia previa de cómo funcionan y su puesta en práctica es de una complejidad enorme".

Otras voces del sector se muestran mucho más críticas. "Las fusiones virtuales pueden ser un cierre en falso de la reestructuración de las cajas. Algunas tienen un aire muy claro de improvisación, de intentar frenar como sea la presión del mercado", señalan desde una entidad bancaria. En opinión de Credit Suisse, las fusiones sólo propician una estructura de negocio más eficiente "si son una combinación de entidades completamente integradas y no están sujetas a presiones regionales ni políticas". La firma recuerda que, 10 años después, Santander y BBVA aún acusan el coste de las prejubilaciones de la plantilla y la pérdida de cuota de mercado ocasionada por sus respectivas fusiones.

"Las decisiones, como en la vida, deben tomarse pensando en el medio y largo plazo", sostiene un directivo de un banco mediano. Pero en el plazo más inmediato, pintan bastos para el conjunto del sector. El aumento de provisiones que prevé el Banco de España provocará un recorte medio del resultado antes de impuestos del negocio doméstico de las entidades financieras de alrededor del 10% este año. A cierre de 2009, las cajas tenían activos inmobiliarios en balance por 38.091 millones de euros y los bancos, por 19.850 millones, según estimaciones de AFI. Esto supone, según cálculos de Nomura, que hay entidades donde ese riesgo inmobiliario equivale a más del 9% de los activos, como sucede en Caixa Catalunya o Caixa Terrasa, ambas inmersas en respectivos procesos de fusión. Por el contrario, en otras tantas cajas ese porcentaje no llega al 2%, como sucede en Ibercaja, La Caixa, Caja Madrid o Cantabria.

Según explica Nicolás Llaris, director de residencial para entidades financieras de Richard Ellis, "está claro que la digestión del pinchazo inmobiliario aún no ha pasado". Añade que la banca vende ahora más pisos que las inmobiliarias pero, en términos netos, los inmuebles en balance no menguan. "Las refinanciaciones a promotores pueden traer nuevos problemas. Las entidades cumplen objetivos de cara al cierre de cada trimestre pero luego se impone la cruda realidad".

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