TRIBUNA

Efectos expansivos del ajuste fiscal

El Gobierno acaba de presentar un plan de ajuste para acelerar el proceso de consolidación fiscal en el que está inmersa la economía española. El ajuste fiscal que se plantea es muy importante, supone una reducción adicional del déficit público superior al 0,5% del PIB este año y más del 1,0% adicional el próximo.

El plan del Gobierno se basa exclusivamente en medidas para reducir el gasto público, fundamentalmente el no productivo. Ello permite hacer una primera valoración en base a las experiencias recientes de procesos de consolidación fiscal en distintas economías. La literatura económica y la evidencia empírica son concluyentes. Las consolidaciones fiscales con éxito se han basado en la reducción del gasto no productivo, mientras que las que han fracasado han enfatizado los aumentos impositivos -véanse, por ejemplo, los trabajos de Alesina y Perotti (1997) o Hagen, Hughes-Hallett y Strauch (2001)-. El plan de ajuste fiscal español es, en este sentido, estrictamente ortodoxo, lo que le otorga una elevada probabilidad para alcanzar el éxito.

La presentación del plan ha originado inmediatamente un debate público respecto a sus efectos sobre la recién iniciada recuperación económica. Una corriente de opinión plantea que, aunque era necesario para aumentar la confianza de los mercados financieros en la economía española, su implementación va a frenar la actividad y el empleo. Sin embargo, existen al menos cinco mecanismos para que este recorte de gasto no productivo genere efectos positivos muy relevantes sobre la actividad, la inversión y el empleo, no sólo a medio plazo sino incluso en el corto plazo.

Existen al menos cinco mecanismos para que este recorte de gasto no productivo genere efectos positivos sobre la actividad, la inversión y el empleo

l Primer mecanismo: reducción de la incertidumbre. El ajuste fiscal reduce el nivel de incertidumbre respecto a la situación presupuestaria de las Administraciones públicas en el medio plazo. El consumo y la inversión se retraen cuando aumenta la incertidumbre acerca de la capacidad del Gobierno para cumplir con sus obligaciones en el medio plazo. A este efecto se le suele denominar ahorro precaución y muchas veces contrarresta los efectos expansivos de caídas del ahorro público (incrementos de gasto), que son compensadas por aumentos equivalentes del ahorro del sector privado. Por consiguiente, el ajuste de gasto, al reducir la incertidumbre, disminuye el deseo por ahorro precaución e impulsa, por ello, la demanda privada.

l Segundo mecanismo: efectos sobre la prima de riesgo del país. Una subida de la prima de riesgo de la economía tiene un impacto directo sobre la prima de riesgo privada y, por tanto, sobre la inversión. Por ello, un ajuste de gasto creíble reduce esta prima de riesgo (el diferencial en el bono a dos años ha disminuido 160 puntos en cuatro sesiones) e impulsa la inversión.

l Tercer mecanismo: efectos no keynesianos de las consolidaciones fiscales. Los denominados efectos no keynesianos se generan por un cambio en las expectativas sobre los impuestos futuros (gastar supone aumentar los impuestos, hoy o mañana). Al reducirse los impuestos esperados en el futuro, el consumo y la inversión aumentan en el momento actual. Alesina, Ardagna, Perotti y Schiantarelli (2002) estimaron que estos efectos son extremadamente relevantes: una reducción del peso de los salarios públicos en el PIB del 1% origina un impacto en el ratio de inversión privada sobre el PIB de 0,48 puntos, en el corto plazo, y de 2,56 puntos acumulados en un periodo de cinco años.

l Cuarto mecanismo: efecto demostración sobre los salarios privados. La reducción de los salarios públicos tiene un efecto demostración sobre la negociación salarial privada, reduciendo significativamente los incrementos salariales acordados y, por tanto, impulsando el empleo y la actividad.

l Quinto mecanismo: la devaluación selectiva. Uno de los principales estímulos utilizados para superar la crisis de los años noventa fue recurrir a devaluaciones competitivas de la peseta (septiembre y noviembre de 1992, mayo de 1993 y marzo de 1995). Actualmente esta medida no es posible dentro de la UEM, por lo que la única posibilidad para recuperar competitividad es reducir los costes de la producción interior y aumentar el coste de las importaciones. En este sentido, la combinación de la reducción de salarios (que reduce los costes de la producción interior) y la subida del IVA (que encarece los bienes importados) configura una devaluación selectiva, que impulsará la demanda externa neta y contribuirá a generar un círculo virtuoso en la economía española.

David Taguas. Presidente de Seopan y Ancop