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Columna

El ataque masivo de la UE

Los líderes de la Unión y los ministros de Finanzas desembarcaron con un plan de 720.000 millones de euros para detener el contagio de la deuda soberana. El BCE añadirá la compra de bonos soberanos a su caja de herramientas contra la crisis.

Para abordar las preocupaciones de que sus actos jueguen con el fuego del riesgo moral, los líderes de la UE han condicionado todas las ayudas a reformas fiscales y estructurales. El FMI desempeñará un papel importante en cualquier rescate, enviando una señal clara de que el dinero del rescate sólo se dará a cambio de tomar una medicina amarga. El plan es tan sólo el comienzo de lo que será un difícil periodo de ajuste.

En el corto plazo, se ha producido un alivio generalizado. El euro y los mercados de valores se han recuperado. Los países y bancos más débiles se han quitado presión. Los diferenciales del bono portugués a diez años cayeron en más de un tercio. La esperanza es que Portugal y España tengan margen de maniobra para resolver sus problemas fiscales sin tener que acceder a nuevos fondos de rescate. Para ello, necesitan medidas serias de reducción del déficit para el 18 de mayo. La primera prueba.

Pero aunque Portugal y España elaboren planes creíbles para restaurar la disciplina presupuestaria, eso no será suficiente para asegurar la estabilidad de la eurozona. Francia y Alemania tienen que demostrar que están dispuestos a cumplir como sus hermanos del sur y aplicar el mismo tipo de reformas estructurales -incluyendo el sector público y el sistema de pensiones- que exigen a los demás.

Briançon / Unmack

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