Más Europa contra la especulación
El remolino de la deuda griega se transformó la semana pasada en un tifón que, durante la jornada del viernes, situó al sistema financiero al borde del colapso y golpeó brutalmente los cimientos del euro. Hoy lunes, la reapertura de los mercados pondrá a prueba las reparaciones de urgencia acometidas durante este fin de semana por buena parte de las autoridades económicas y monetarias del planeta. ¿Amainará la tormenta? ¿Resistirán los muros si arrecia?
El mercado ha alcanzado tal grado de volatilidad, en muchos momentos transformado directamente en irracionalidad, que resulta casi imposible hacer un pronóstico fiable sobre el devenir bursátil y comercial de las próximas horas. Pero sea cual sea el resultado, se puede decir que los principales centros de decisión mundiales, desde Washington a Bruselas, pasando por Berlín, se han percatado, por fin, de que la economía mundial se expone a una repetición del cataclismo de 2008, con su consiguiente recesión, si no zanja de una vez las dudas de los mercados sobre la capacidad pública de intervenir.
El pasado viernes, los líderes de la zona euro, tras recibir una significativa llamada de Barack Obama (que se repitió ayer), se comprometieron a defender la Unión Monetaria pase lo que pase y con todos los instrumentos disponibles, sean convencionales o no. La artillería europea incluye la posibilidad desde la capacidad ilimitada de financiación que pueden ofrecer el Banco Central Europeo y los 27 bancos nacionales de la Unión, a la anunciada creación de un Fondo de Estabilización multimillonario.
El plan comunitario debe demostrar que la zona euro no tiene fisuras. Y que un euro vale y valdrá siempre lo mismo en Grecia, Alemania o España. Los errores cometidos durante los últimos tres meses, en gran parte por el empeño en dilatar la decisión final sobre el rescate de Atenas por no se sabe muy bien qué tipo de cábalas electorales en Alemania, han propagado en el mercado las sensación de que la Unión Monetaria se limita a ser un sistema de tipos de cambio fijo que se puede abandonar, voluntaria o involuntariamente, cuando las fluctuaciones son demasiado intensas.
Esa señal, como no podía ser de otro modo en un mercado ávido de beneficio rápido caiga quien caiga, ha alentado la especulación en torno a los puntos más débiles de la Unión, comenzando por Grecia. Pero el pacto alcanzado el viernes y detallado ayer mismo, debe servir para restaurar el compromiso fundador del euro: una unión política y monetaria sin marcha atrás. Si a partir de hoy, los mercados asumen esa lectura y el vendaval se calma, la reunión celebrada ayer en Bruselas habrá sido una buena forma de celebrar el 9 de mayo, Día de Europa. Será el día en el que Europa decidió apostar decididamente por más Europa y la jugada le salió bien.
Este lectura europeísta, con el telón de fondo de una petición de urgentes reformas por parte de los sabios coordinados por Felipe González, tiene su versión española. La vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Elena Salgado, aprovechó la reunión de Bruselas para anunciar una nueva vuelta de tuerca en la lucha por reducir el déficit público. Este recorte adicional será del 0,5% para este año, equivalente a 5.000 millones de euros, y del 1% para 2011, es decir, otros 10.000 millones. Una medida que va en la dirección correcta y que debe complementarse con la petición lanzada también este fin de semana por el presidente de Banco Santander, Emilio Botín, respecto a la urgencia de poner en marcha las reformas que ya se han apuntado desde el Ejecutivo que preside José Luis Rodríguez Zapatero.
Sólo de esta manera se consolidará la salida de la recesión de la economía nacional que, a falta de confirmación estadística oficial, anunció el pasado viernes el Banco de España. Sólo de esta manera se sacará provecho a la extraordinaria noticia de que, tras un tortuoso periodo de casi dos años de bache, las grandes firmas del Ibex hayan recuperado en el primer trimestre del año la senda alcista de los beneficios. Una mejora que refleja los importantes ajustes que han realizado en sus balances, pero que también pone de manifiesto los primeros síntomas de recuperación de la actividad. Si Europa apuesta por Europa, España debe hacerlo por España.