COLUMNA

España, en la tormenta perfecta II

La economía mundial se recupera viento en popa a toda vela y a hasta los más pesimistas como Paul Krugman quieren "meterse debajo de la mesa" pero por desgracia los efectos de la Gran Recesión aún no han acabado. El sistema bancario internacional sigue con capitalización débil y el crédito racionado pero ahora aparece el fantasma de las crisis fiscales.

Los estados tuvieron que intervenir para evitar la deflación y la depresión tras el desplome de gasto privado y el colapso de los mercados financieros y lo han hecho con éxito pero a costa de incurrir en elevados déficits públicos. En 2010 los fondos prestables mundiales son similares a los del año anterior pero los inversores comienzan a perder el miedo y hay un vuelo hacia el riesgo a la vez que las necesidades de financiación de los tesoros van en aumento. Conclusión: tensión en los mercados de deuda pública.

Parecía que los primeros en pasar por problemas serían los británicos y luego los estadounidenses, ambos con unas perspectivas fiscales preocupantes y elevada vulnerabilidad financiera pero la tormenta ha estallado en Europa. Un país que miente en sus cuentas públicas, los inversores le retiran la confianza, el resto de estados dudan en la resolución de la crisis y aquí estamos en niveles de tensión en los mercados similares a los de la semana previa a la quiebra de Lehman.

En aquella ocasión los ilusos europeos pensábamos que aquello era una crisis de subprime que no cruzaría el Atlántico y ahora los ilusos americanos piensan que esto es una tragedia griega que no va con ellos. Por fortuna el error de Lehman y sus consecuencias están muy recientes y todo apunta a que no se cometerá de nuevo. Los Gobiernos de la Eurozona han mandado un mensaje explícito a los inversores de que no se va a dejar caer a Grecia y el BCE lo apoyó manteniendo el descuento de deuda pública griega, a pesar de que una agencia de rating la ha calificado como bono basura. Por lo tanto a pesar de la elevada tensión parece que saldremos de ésta sin la temida W mundial que defendía Krugman.

España se encuentra inmersa en la tormenta, por el efecto dominó que podría provocar la caída griega. A pesar de los intensos ajustes de los dos últimos años, seguimos teniendo un elevado stock de deuda externa lo cual nos hace dependientes y vulnerables. A la deuda privada se ha unido el déficit público y nuestra tasa de paro preocupa a los inversores.

Los debates sobre si los ataques son justos y la legitimidad de los especuladores y las agencias de rating son estériles. La realidad es que los inversores internacionales tienen doscientos países en los que invertir pero nosotros los necesitamos para que financien nuestro déficit por cuenta corriente y nuestros vencimientos de deuda.

En el día de máxima tensión en los mercados de deuda pública europeos, el Tesoro español ha hecho una emisión a cinco años, lo cual es un excelente experimento. La demanda ha sido más intensa de los esperado, más de 5.000 millones, pero se ha visto obligado a colocar a tipos muy elevados. Por lo tanto, aun estamos lejos de escenarios de problemas para financiar nuestro déficit pero la prima de riesgo aumenta nuestro tipo de interés real y tiene los mismos efectos que una política monetaria restrictiva.

No obstante, los mercados de emisiones privados europeos permanecen cerrados a cal y canto y la duda es cuando se abran -suponemos que el plan de ayuda a Grecia se pondrá en marcha en breve- cuál será el acceso de nuestras empresas en cantidades y precios, ya que sin duda será en peores condiciones de lo que lo hacíamos en enero.

Los inversores están nerviosos y necesitan una política de hechos consumados. Lo que ven es al Gobierno intentando negar la situación de tensión, a la oposición eludiendo su responsabilidad en el gasto en comunidades y ayuntamientos en los que gobierna y a los agentes sociales hablando del sexo de los ángeles pero incapaces de cerrar un acuerdo en materia de reforma laboral. En el mejor de los casos, tomando las decisiones adecuadas, los inversores tardarán algún tiempo en relajarse y la recuperación será con el viento en contra. Si no se relajan, preparémonos para una W.

José Carlos Díez. Economista jefe de Intermoney