Telmo Rodríguez. Enólogo y bodeguero

"Tenemos que recuperar el oficio, el trabajo artesano"

Durante una década dirigió la bodega familiar Remelluri. Hace 15 años decidió emprender su camino y hoy es una autoridad en el sector. Inconformista, rebelde y elegante, recupera viñedos abandonados y crea vino con alma

Está indignado con la mole de hormigón que ha plantado Bodegas Torres en medio del paisaje de La Rioja y que rompe las maravillosas vistas que se contemplan desde la finca Remelluri. Telmo Rodríguez, nacido en Irún hace 47 años, tiene el porte señorial de los bodegueros de Burdeos, donde precisamente estudió Enología. Ejerce de perfecto anfitrión (recibe con champán) de un grupo de periodistas, a los que ofrece un almuerzo con delicados productos del mar y de la tierra.

Teniendo una bodega familiar como Remelluri, ha preferido montar un proyecto empresarial desde cero.

Trabajé durante 10 años en Remelluri, pero hace 15 años me independicé porque quería hacer cosas diferentes, sin rigidez, para desarrollar todas las ideas que tenía en la cabeza. Y monté una empresa con el objetivo de reivindicar las uvas y los viñedos abandonados. Estamos presentes en ocho zonas vinícolas, Ribera de Duero, Toro, Rioja, Málaga, Valdeorras, Cembreros, Rueda y Alicante.

¿No tenía esa libertad en la empresa familiar?

Son dos conceptos diferentes. Remelluri es la historia de una vida, una casa, una finca, una familia; tiene mucha energía. Y la Compañía de Vinos Telmo Rodríguez es otra cosa, exploramos, innovamos, pero trabajamos despacio, mirando el largo plazo, recuperamos viñedos antiguos que por la vejez de sus propietarios ya no se trabajan.

Se ha convertido en una autoridad y se le reconoce como un revolucionario dentro del sector del vino.

Me ha tocado vivir una época interesante, un momento que supone un punto de inflexión en un sector dominado por las grandes empresas. Lo interesante es apostar por una empresa pequeña, desarrollarla y hacer las cosas de manera distinta para diferenciarte. No me interesa ser uno más, sino ser diferente. Es una vuelta atrás siendo sofisticados. Somos un país donde existe una gran cultura del gusto y existen zonas muy interesantes en España para hacer vino. Creo que lo que hacemos en la empresa no es una revolución, sino una toma de conciencia para hacer las cosas bien.

¿Considera que se han cometido demasiados atropellos en este sector?

Los siglos XIX y XX fueron muy complicados porque el consumidor era poco culto, con una vitivinicultura con muy poca vibración, y todo esto ha cambiado. Ahora mismo el consumidor es mucho más culto, tiene más información, y eso hace que el nivel de exigencia sea mucho más elevado y que el sector del vino sea mucho más interesante.

¿Su destino profesional quedó marcado el día que su padre compró unos viñedos en La Rioja?

Tal vez. En la finca de la familia viví todos los cambios y la modernización de la bodega, de cómo pasamos de arar con mula al tractor. Tengo que reconocer que mi padre me ha metido en el cuerpo el gusto por el campo, por el vino y por un estilo de vida. No concibo nada de lo que hago si no pasa por el campo, por el contacto con la naturaleza. Y tengo que agradecer a toda la gente del campo que me ha inculcado este oficio.

¿Qué aporta usted al vino?

Una especie de movimiento, una apuesta por el trabajo artesanal frente a la producción masiva, a la vez que trabajar con gente original, que quiere hacer las cosas de manera diferente, desmarcándose de lo que hace el resto. Yo reivindico el oficio y la artesanía. Hay que volver a las raíces, utilizando todos los avances, técnicas y conocimientos de hoy día.

¿Es un buen negocio?

Es un negocio porque evidentemente el objetivo de toda empresa es ganar dinero, pero hay distintas formas de hacerlo y de conseguirlo. Puedes ir por el camino fácil o puedes intentar hacerlo de otra forma. Me gusta trabajar con gente que trabaja con oficio, con el único objetivo de hacer las cosas bien. Me revienta que no haya gente que se lo tome como un oficio sencillo. No creo en los grandes grupos empresariales, que sólo buscan los resultados con independencia del producto que saquen al mercado, sin importarles nada más que la cuenta de resultados. Es triste, pero me da pena que en España no le hemos dado suficiente importancia a la artesanía, como lo han hecho en otros países. Hay que recuperar todo esto y la conexión del vino con la tierra. No hay que olvidar de dónde procede el producto, es la esencia de todo. Y hay que cuidarla.

¿La burbuja del vino está estallando ya?

Si hiciéramos bien las cosas, si respetáramos la agricultura y el vino, no pasaría lo que está pasando. España tiene un gran potencial dentro de este sector, ya que hay muchas zonas por descubrir y mucho trabajo por hacer, eso es mucho mejor que destrozar el país. De todas formas, el problema es la cantidad de gente que no ama el vino y que se ha metido en este negocio para especular. Es un fracaso pensar que el vino surge de la noche a la mañana, una viña requiere de tiempo, trabajo y mucho sosiego.

¿Hay sitio para tanta bodega en el mercado español?

Puede parecer un sector muy atractivo, como lo puede ser el de la restauración, y claro que hay sitio, pero sobre todo debe haberlo para la gente que hace bien su trabajo. Creo en los que quieren hacer las cosas bien, que son respetuosos con este oficio. Y sobre todo teniendo en cuenta que los resultados se ven a largo plazo. El gran éxito debe ser cuando se consigue que una empresa pase de una generación a otra. Cada día creo menos y aborrezco la especulación. Todos los grandes proyectos, independientemente del sector en el que estés, tienen que estar en manos de gente que ame su trabajo.

Por lo que dice usted, se ve más artesano que empresario.

En el vino se habla de empresarios y de artistas, y a mí me gusta compararlo con lo que ha sucedido en Burdeos, la gran cuna del vino, donde el gran desarrollo de esta zona ha ido de la mano de la gente más culta, de los que se han preocupado por hacer bien las cosas, con los que han sido generosos con el campo.

¿Y en España esto no sucede?

Aquí hay una gran decadencia, un abandono del campo. Por fortuna, hay empresarios, como la familia Entrecanales, gente culta, que está volviendo a la tierra, a las raíces, que se preocupa por hacer las cosas bien. Es bueno que haya un retorno de verdad al campo, que se respete el paisaje, que se devuelva a la tierra lo mucho que nos ha dado.

¿Para ser bodeguero hay que tener alguna cualidad especial?

Muchas. Creo que hace falta más creatividad, y eso es muy fácil de conseguir porque se hace en la cabeza de cada persona. Hay que quitarle tensión al proceso de crear, hay que trabajar mucho porque no es un mundo de inspiración, sino de constancia y de dedicación en el día a día. Yo podía haberme dedicado al surf y he decidido complicarme la vida con este oficio.

No se queje, lo ha elegido libremente.

El gran drama es buscar el camino, tu camino, cuando eres joven. Yo tuve suerte. Quería dedicarme a la medicina pero no me admitieron, así que me puse a estudiar Biología, después me fui a estudiar a Burdeos y allí me encontré con gente que me hizo enamorarme de esta profesión. En esta vida también tienes que tener suerte para encontrarte con gente de la que puedas aprender, que se convierta en un modelo para ti. Mi experiencia en Burdeos fue enriquecedora por los maestros que tuve. A lo largo de mi vida he tenido la fortuna de encontrarme con gente muy sabia.

¿Su padre ha sido un ejemplo?

Mi padre es un empresario de provincias que tuvo la suerte de dedicarse a una finca como Remelluri. Tiene mucho mérito, porque supo ser visionario y hacer algo diferente. Tenemos estilos diferentes pero complementarios.

Usted también ha apostado la agricultura biodinámica técnica empleada en la década de los años veinte y que combina conceptos ecológicos con creencias místicas.

No voy en esa línea. Prefiero hablar de buenos vinos, tierra sana, producto pegado al suelo, sin fertilizantes ni productos que dañen el campo, utilizando los utensilios adecuados. En nuestro proyecto utilizamos únicamente variedades autóctonas de zonas originales. Esta filosofía, por ejemplo, contrasta con el fenómeno y la moda de otros por implantar variedades foráneas prácticamente en todo el viñedo español. Y nuestra gran iniciativa se centra en prestar una atención especial, también desde sus orígenes, a la recuperación de viñedos olvidados.

¿Qué futuro tiene el vino español?

Tiene más futuro que pasado y presente. Yo soy muy crítico, pero lo hago con un sentido de mejora y porque nuestro vino no se encuentra en la élite mundial. Hay mucha gente con talento y tenemos que demostrar que sabemos hacer las cosas muy bien.

"Hay que hacer que se vuelva a tomar vino"

Existe preocupación por la resaca que está dejando la crisis económica dentro del sector del vino. Lo corrobora Telmo Rodríguez: "Se ha dejado de consumir vino en los restaurantes, pero ahora la gente prefiere tomarlo en casa. Con la crisis es normal que todo el mundo se apriete el cinturón, pero también es nuestra obligación hacer que se vuelva a consumir vino". Para ello, este enólogo, junto a su socio Pablo Eguzkiza, con el que montó la compañía en 1994, apuesta por elaborar vinos a precios asequibles. "No me podía permitir otra cosa, pero también porque creo que se pueden hacer vinos sencillos y a la vez elegantes. Prefiero apostar por la sencillez y por no destruir la esencia del vino, de la gente que lo hace". Tiene claro que en su concepto de empresa el único protagonista es el vino y el respeto por el entorno. Lo demás le sobra.