Keith Parker. Director general de la Nuclear Industry Association (NIA)

"No habrá ayudas públicas para las nucleares británicas"

Tras pasar por el Departamento de Energía de Reino Unido, dirige desde 2003 su lobby. Parker confía en el programa que impulsó Tony Blair y que protagonizará Francia a través de la estatal EDF.

La industria nuclear tiene puestos sus ojos en Reino Unido, único país que aborda un programa nuclear que incluye la renovación futura del actual parque (adquirido en 2008 por EDF) y varios emplazamientos para nuevas centrales. En uno cuenta con una opción de compra Scottish Power, filial de Iberdrola. El proceso se ha topado con la crisis económica y con la petición de ayuda de las empresas. Keith Parker insiste en que se trata de un plan privado y que en ello estribará su éxito.

¿En qué punto se encuentra el programa nuclear británico, único en marcha en Europa?

Hay planes de tres consorcios para construir tres centrales. El momento decisivo fue en 2006 cuando el Gobierno de Tony Blair anunció que apoyaría a la energía nuclear para luchar contra el cambio climático y acabar con el problema energético del país. Dos años después, el Gobierno publicó su Libro Blanco sobre energía nuclear, confirmando así su apoyo. Eso sí, se dejó claro que serían las empresas privadas las que invertirían y que no habría ayuda del Gobierno. Y las empresas aceptaron.

Pero la industria ha expresado sus dudas al solicitar un precio mínimo regulado para los derechos de emisión de CO2 , que permita a la energía nuclear competir con el carbón.

Lo que se pide no es tanto un precio garantizado como un mecanismo para fijar el precio del CO2 en el mercado de la electricidad y que se admitan que el combustible fósil tiene ventajas. No hay unanimidad sobre el precio de los derechos pero, en general, las empresas piden un mecanismo que permita fijarlo.

Esto es, un suelo por debajo del cual no pueda bajar el precio.

Se espera que el precio del CO2 suba con el tiempo, a medida que aumenten las presiones sobre los países para que reduzcan las emisiones e inviertan en tecnologías más seguras y rentables. Una empresa británica ha insistido en que se fije el precio del CO2 y los medios de comunicación lo consideran un factor esencial para estabilizar todo lo relativo a la energía nuclear. Un precio de referencia beneficiaría a la inversión en las distintas tecnologías.

Pero fijar un precio sería acabar con el mercado. ¿No cree?

El Gobierno está esperando a ver cómo responde el mercado y se reserva el derecho de implantar su propio esquema nacional. En principio, estamos pendientes de la aprobación del Presupuesto en Reino Unido, que podría aclararnos algo. Se está hablando de reformas en el mercado eléctrico que seguramente van a afectar al mercado del CO2. En todo caso, sólo ha sido una empresa la que ha exigido que se fije un precio, pero es el Gobierno el que debe exponerlo en el presupuesto.

¿La crisis económica y las dificultades para acceder al crédito podrían retrasar este programa? ¿Cuál es su calendario?

Aún se desconoce qué impacto puede estar teniendo la crisis, pero seguro que afectará de algún modo. Sobre el calendario, el primer reactor podría entrar en servicio en 2017 o principios de 2018. Las empresas confían en que haya más inversores pero, de momento, no buscan apoyo financiero externo.

Los consorcios ganadores, entre los que se encuentra Iberdrola, no han comprado los emplazamientos, sino que tienen una opción.

La francesa EDF compró British Energy en 2008 por 12.500 millones de libras y, por tanto, se quedó con sus nucleares ocho. Luego se han vendido emplazamientos a consorcios en los que participan Eon y RWE e Iberdrola, en este caso, con una opción de compra. Hay cinco identificados y EDF tiene intención de construir otros dos reactores en los terrenos de las plantas adquiridas. Se prevé otros dos más, pero sin concretar.

EDF ha pedido que se prolongue la vida de las centrales. ¿No supondría también esto un retraso?

No creo que vaya a influir en la construcción de nuevas centrales porque el aplazamiento será limitado. La vida útil de la mayoría acaba en 10 años, de modo que harán de puente hasta que las nuevas funcionen. Reino Unido debe sustituir un tercio de su capacidad en una década: dos cerrarán en ese periodo y también las costeras por problemas de antigüedad y presiones ambientales.

Riesgos: "Hay que evitar los fallos de Finlandia"

Keith Parker reconoce que el fiasco de la central nuclear de Finlandia (única en Europa, además de una gemela de EDF en Francia) encarecerá el precio de la electricidad que produzca.

Los órganos de seguridad nuclear de Francia, Finlandia y Reino Unido denunciaron hace poco deficiencias en el EPR, el reactor que usarán las futuras centrales británicas.

No creo que este problema vaya a repercutir en nuestro programa, porque es fruto de una evaluación del diseño general de los reactores. En ella se han detectado problemas de ubicación que se han notificado al fabricante, pero se espera resolver en breve.

¿Qué opina de las complicaciones de la única central en construcción en Europa, la de Finlandia, cuyo presupuesto y plazos se ha duplicado y está en manos de un árbitro internacional?

Esta central tiene un reactor presurizado de nuevo diseño y las dificultades surgidas han retrasado el proyecto y aumentado los costes. En general, los primeros diseños de este tipo de reactores tienen muchos problemas, pero hemos aprendido la lección y la aplicaremos. No repetiremos los fallos del pasado.

El regulador energético británico, Ofgem, ha sido muy duro con la liberalización del mercado. ¿Será necesario un nuevo marco regulatorio parar afrontar las inversiones en instalaciones nucleares?

Se van a tomar medidas que lo tendrán en cuenta. Cuando se inició la liberalización del mercado eléctrico, en 1990, teníamos excedentes de producción, ahora la situación es muy distinta: es preciso cambiar el mercado con energía nuclear y renovables. Ante las próximas elecciones generales, hay apoyo de los dos grandes partidos a estos proyectos, lo que infunde confianza a los inversores.

Pero también Margaret Thatcher prometió construir una central cada 18 meses y sólo se levantó una.

Entonces las centrales las construía el sector público y estaban sujetas a las incertidumbres de la financiación privada, pero ahora son inversores privados las que las apoyan.

"Se creará un ente para gestionar los residuos"

Uno de los problemas más serios aún por resolver para renovar el parque nuclear británico y construir nuevas plantas atómicas es el del coste de los residuos y el desmantelamiento de las instalaciones. Respecto a esta cuestión, Keith Parker comenta que el Gobierno de su país está a punto de publicar "un libro de consulta en el que se especificarán las propuestas para gestionar los fondos que deberán aportar las empresas para los residuos que generen". De momento, sólo se trata de propuestas, pero, según sus palabras, "el Ejecutivo va a exigir a los operadores un fondo para el periodo de funcionamiento de las centrales que permita luego cubrir los costes del desmantelamiento". Un modelo similar al español, en el que se asegure el coste de la clausura y la custodia o reciclado de los residuos. "En nuestro caso -añade-, las provisiones de ese fondo serán gestionadas por una entidad pública independiente de las empresas", pero "se desconoce el coste".

El director del lobby nuclear británico dice no estar al tanto de la polémica sobre la instalación de un Almacén Temporal Centralizado (ATC) en España, pero entiende que "es un proceso similar al seguido en Reino Unido donde se piden voluntarios para almacenar los residuos nucleares. A diferencia de España, nosotros sólo contamos con tres municipios interesados en discutir con el Gobierno la perspectiva de albergar los residuos".

En cuanto a la reacción de la opinión pública británica por el traspaso al Estado francés (a través de EDF) del parque nuclear británico, "no parece que les haya molestado", según Parker.