EDITORIAL

Un baño de realismo de la Comisión

La Comisión Europea mostró ayer serias dudas sobre los programas de estabilidad de los 14 países analizados, entre los que se encuentran Alemania, Francia, Italia, Holanda o España, de la zona euro, además de Reino Unido y Suecia. Bruselas alerta del riesgo de que la mayoría de estas economías sea incapaz de rebajar su déficit público al 3% del PIB en los plazos marcados, entre tres y cuatro años. Es un baño de realismo con muchos trazos de verosimilitud, por mucho que disguste a las capitales europeas que previsiblemente responderán defendiendo sus previsiones frente a las de la Comisión. Pero es sobre todo un jarro de agua fría para los responsables de alguna de las grandes economías, que se han acostumbrado demasiado rápido a mirar por encima del hombro a la española.

Aunque cada Gobierno recibe sus recomendaciones particulares, la Comisión se queja generalizadamente de un exceso de optimismo en la estimación de los crecimientos del PIB para los próximos dos años, lo que desacredita sus previsiones de recaudación fiscal. Igualmente, demanda una mayor concreción en las medidas para reducir el déficit fiscal, esbozadas por los países con brocha gorda.

Los Gobiernos europeos harán bien en considerar el análisis y las sugerencias de la Comisión sobre sus programas de estabilidad. Flaco favor harán a sus ciudadanos si la reacción se limita a poner en entredicho los datos de Bruselas. También sería inadmisible atrincherarse en el mal de muchos. La situación financiera es ciertamente delicada para todos los países comunitarios, y todo apunta a que será muy difícil para la mayoría cumplir sus propias previsiones. Pero eso no exime de la responsabilidad de intentarlo con vehemencia y tener planes creíbles. Los déficits alcanzados sobrepasan un límite peligroso que conviene reconducir con celeridad. Urge, pues, que se activen las medidas prometidas.

Tampoco sería aceptable que se ponga en peligro la recuperación de las debilitadas economías por someterse al dictado de unas exigencias impracticables. Bruselas parece consciente de ello. Sólo así se puede entender la sorprendente ausencia del comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, que ayer delegó en sus técnicos la presentación del análisis de los programas de estabilidad de los principales países de la Unión Europea. La Comisión reconoce que los indicios de recuperación eran mucho más optimistas en noviembre pasado -cuando se elaboraron los programas de estabilidad-, pero ahora los indicadores no descartan una recaída. Si tan negro presagio llega a producirse, es previsible que los planes de estímulo se prorroguen más de la cuenta y la corrección de los déficits pasaría a un segundo plano. En definitiva, la prioridad sigue siendo la recuperación.