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Columna

No creemos en ti, Darling

La Comisión Europea exige al Reino Unido un plan para que reduzca su déficit fiscal por debajo del 3% del PIB. Bruselas se siente obligado a hacerlo, aunque su exigencia es totalmente ajena al problema. La proyección del Gobierno británico del 4,6% del déficit entre 2014-15 es de por sí increíble.

Para conseguirlo serían necesarios recortes equivalentes al coste total del Servicio Nacional de Salud en Inglaterra, o a incrementos de impuestos equivalentes al incremento del IVA en más de un 30%.

El informe de la Comisión pide "medidas más allá de las planeadas en la actualidad" pero nadie fuera del Tesoro de Reino Unido sabe cuáles son las medidas previstas. El último Informe Previo del Presupuesto de diciembre no se atrevió a revelarlos. Contenía los presupuestos de gasto de los departamentos de Gobierno sólo para 2010-11, el año fiscal que comienza el próximo mes.

Los que dirigen los ministerios saben que llegan profundos recortes, pero es imposible una planificación sensata sin unas proyecciones detalladas. Cuando el ministro de Finanzas, Alistair Darling, presente hoy su presupuesto se negará de nuevo a explicar con detalle dónde el dolor será más agudo.

Eso es bastante arriesgado para su cada vez menor credibilidad, pero la situación general de la economía es también peor de lo que era en diciembre, cuando Darling predijo una caída del 3,5% del PIB para el año que termina este mes. La lenta subida británica desde la recesión significa que la economía tendría que haber crecido un 1,3% en el trimestre actual según sus previsiones.

Las proyecciones de crecimiento para el nuevo año fiscal también parecen mucho menos plausibles de lo que eran hace cuatro meses. Y la suposición de que en 2011-12 comenzaría un crecimiento de un 3,25% parece ahora una fantasía en una economía que va a tener problemas con la deuda y altos impuestos.

El crecimiento es la única manera de evitar la trampa de la deuda, donde el coste de la financiación del déficit sobrepasa la capacidad de la economía para pagarlo. Darling necesita desesperadamente convencer a los acreedores de que el déficit está bajo control. Puede quitarle importancia a los últimos ataques de Bruselas, pero las posibilidades de una pérdida catastrófica de confianza siguen siendo elevados como siempre.

Por Neil Collins

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