Muy personal

Wikipedia no es el Aranzadi

Hace unos días, mi hijo pequeño tenía que llevar al colegio alguna información acerca de San Isidro. Y no es que fueran las prisas, pues tenía por delante la totalidad del fin de semana y, además, es un niño muy trabajador.

Pero en vez de acudir a cualquiera de las buenas enciclopedias temáticas o a alguno de los diccionarios enciclopédicos que, el que más o el que menos, todos tenemos en casa, prefirió buscar a San Isidro en Google. Y allí estaba Isidro de Merlo y Quintana, casi en carne y hueso, delante de él, casado con Santa María de la Cabeza, cuyo amo fue el noble Iván de Vargas, y también el milagro del pozo, y las rosquillas, y también cómo se dice que eran los ángeles quienes araban el campo mientras el santo rezaba. Algo que, desde luego, resta enteros a la virtud de la laboriosidad isidril.

Veintiocho años de docencia universitaria, trece de ellos como catedrático, me permiten ver cómo ha cambiado la película en la enseñanza del Derecho, y no siempre para bien.

Los buenos alumnos siguen contando con los libros de los autores de referencia como principal fuente de conocimiento, y tienen internet a mano para encontrar con facilidad la información que, por tratarse de datos, no admite opiniones, interpretaciones o construcciones doctrinales. Da gusto ver con qué facilidad encuentran nuestros estudiantes los textos legales aplicables al caso o las sentencias de los tribunales que interesen para su solución. Lo malo es que en su gran mayoría, también quieren encontrar en la red la fuente de conocimiento principal, y a veces hasta la única. Se ha ganado en información, pero se ha perdido en formación.

Si a día de hoy existen 2.500 entradas para el término retracto convencional, pocos son los estudiantes capaces de distinguir entre Lacruz Berdejo y ventanalegal.com, y la mayoría se conformará con el rincóndelvago.com. Ello, por no hablar de esos interminables pies de página que aparecen en numerosas publicaciones jurídicas y que permitirían pensar que su autor ha tenido, en efecto, acceso a una revista de la Universidad de Alabama, a una monografía publicada en Tegucigalpa y también a la opinión vertida por un senador portugués durante la discusión de un proyecto de ley.

Pero no. Como pasaba con el santo patrón de los madrileños, terminamos sin saber si el autor del trabajo es un labrador que, incansable hasta la ancianidad, regaba con sudor las heredades o en realidad eran los ángeles de las cohortes de Wikipedia los que le hacían el trabajo.

Mariano Izquierdo. Consultor de CMS Albiñana & Suárez de Lezo