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La CE se enseña Galileo a sí misma

"Si un marino se cae por la borda al mar, su mejor posibilidad de rescate es el propio barco del que ha caído, gracias a una navegación mejorada que puede guiar a la embarcación hasta el marino", se admira el comunicado de prensa de la CE que anuncia la apertura del mercadillo sobre Galileo. (La frase, por cierto, no se entiende bien en ninguno de los cuatro idiomas en que se ha publicado el comunicado. Así que esperemos que sólo sea un ejemplo y no un caso real, porque de lo contrario más le valía al marino llevar puesto el chaleco salvavidas).

Pero, bueno, el objetivo de los cutre-tendertes, según explica la CE, no es ahogar a nadie sino (¡agárrense!) revelar "cómo los sistemas colocados arriba en el espacio, que se perciben como muy remotos, están ligados a usos de la vida diaría". Pura teleología, ya ven, pero puesta al alcance de los simples terrestres gracias al departamento de Tajani.

Lo único bueno de esta feria galáctica es que está colocada en un sitio por donde no pasa nadie, aparte de los comisarios europeos, los funcionarios comunitarios y algún turista de paseo por el barrio europeo. A estos últimos les sorprenderá, probablemente, que les expliquen con tanto entusiasmo cómo funciona un aparato que pueden comprar desde hace años en casi cualquier tienda de electrodomésticos. Y se preguntarán por qué la señal de Galileo, que debía comenzar a funcionar en 2010, todavía no está disponible. Y quizá se pregunten también por qué se ha disparado el coste del proyecto y en lugar de sufragarlo el capital privado, como se dijo, ha pasado a la cuenta de los contribuyentes europeos. En fin.

Foto: Villa Galileo en la puerta de la Comisión Euroepa, Bruselas (B. dM., 4-3-10).

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