Restablecer la confianza es cosa de todos
Ayer se presentó en sociedad una curiosa y acertada iniciativa con el encomiable objetivo de contribuir a sacar a los ciudadanos del letargo en que están sumidos desde que estalló la recesión. Con el sugerente nombre de Fundación Confianza, 18 grandes empresas y el Consejo Superior de Cámaras de Comercio contribuyen con aportaciones que varían entre los 150.000 y el millón de euros. Con este dinero ya se ha puesto en marcha una página web www.estosololoarreglamosentretodos.org y se inicia en paralelo una campaña de publicidad en medios nacionales, con una inversión de cuatro millones de euros, y diversas actuaciones internacionales. Pretenden así llegar a la fibra sensible de muchos españoles y hacerles comprender que por dura que sea la situación económica, el único camino posible de mejora es recuperar el optimismo perdido.
Todas las crisis, y ésta también, tienen un alto componente subjetivo provocado por la pérdida de confianza en el futuro de los actores económicos, con un reflejo contractivo en el consumo y la inversión, arrastrando a la actividad económica y generando una espiral de difícil solución que sólo se romperá cuando regrese la confianza. Y eso implica un cambio de actitud personal de todos y cada uno de los miembros del colectivo social. De aquí el eslogan elegido: "Esto sólo lo arreglamos entre todos".
La propuesta es imaginativa y seguro que ayuda a reconducir la desgana colectiva que en la práctica es una lacra tanto o más poderosa que los desequilibrios macroeconómicos que atenazan la recuperación. La participación de las 18 grandes corporaciones, además del Consejo Superior de Cámaras, es una sólida base que garantiza seriedad a la iniciativa. Sin embargo, salta a la vista que es preciso algo más que llamadas a la acción colectiva para que los españoles abandonen el desaliento. Se necesitan señales claras que hagan pensar que hay motivos reales para confiar en que la mejoría no es una entelequia. Y aquí es determinante los mensajes que emanen del Gobierno, de los agentes sociales y económicos, y también de la oposición.
Habrá quien opine que la situación podría corregirse sola, aunque la mayoría de la sociedad apuesta por reformas de calado. Será la única manera de sentar las bases de un modelo productivo más competitivo basado en empleos de valor añadido que aguanten mejor las futuras crisis. Las últimas propuestas del Gobierno podrían contribuir a revitalizar esas ilusiones aletargadas, pero deben acometerse sin diligencia y con valentía. Entre ellas está la reforma del sistema financiero, primordial para que vuelva el crédito a los hogares y las empresas. En definitiva, es más fácil recobrar la confianza si bancos y cajas están dispuestas a prestar. Pero no debemos dudar que la economía española sólo es capaz de recuperarse con la contribución de todos.