COLUMNA

Medidas valientes e impunidad

Los líderes de la derecha en sus diferentes encarnaciones políticas claman unánimes para que el Gobierno, los Gobiernos, adopten medidas valientes para salir de la crisis. Llegados aquí conviene descifrar en qué consiste la valentía que se exige. Se trata siempre de envalentonarse con el débil, de cortar por lo sano las prestaciones sociales que reciben los parados, los despedidos o los jubilados. Porque se parte de la consideración de estas ayudas a los desfavorecidos como un lastre indeseado para el logro de la competitividad necesaria. O sea que se trata de que el Gobierno, los Gobiernos, se atrevan con los débiles mientras que siguen siendo débiles y tolerantes con los abusos descarados de los poderosos, según acabamos de ver, por ejemplo, en el caso de Goldman Sachs convertido en maquillador del fraude de la deuda de Grecia, operación por la que ha facturado opíparas cantidades.

En su telegrama del informativo Hora 14 de la Cadena SER, un periodista buen amigo mío preguntaba a Lloyd Blankfein, presidente de Goldman Sachs, si le parecía bonito haberse llevado un bono de nueve millones de dólares en premio a los resultados obtenidos en 2009; si le parecía bonito el papel que Goldman Sachs ha desempeñado como maquillador de la deuda de Grecia, a base de disfrazar préstamos a largo plazo para enmascarar las cuentas y aparentar el cumplimiento de las exigencias de la Unión Europea; y si le parecía bonito que el banco se haya lucrado con jugosas comisiones como asesor de estos fraudes. Luego se interesaba por saber hasta cuando se seguirá abusando de nuestra paciencia, sin penalización alguna.

De manera que Goldman Sachs gestionó colocaciones de bonos de la deuda griegos por importe de unos 11.000 millones de euros tras llevar a cabo una permuta de divisas que permitió al Gobierno de Atenas ocultar la verdadera cuantía de su déficit. En los folletos de colocación de esas emisiones lideradas por Goldman para nada se mencionaba esa permuta, lo cual permitió captar otros 1.000 millones de euros extra camuflados. Según Bloomberg, la opacidad de la operación habría permitido obtener un mejor precio por los bonos a Goldman, al resto de los colocadores y al propio Gobierno de Atenas. Se estima que Goldman ganó unos 735 millones con la colocación de bonos griegos a partir de 2002. Ahora bien, aunque el fraude esté a la vista, los expertos tienen dudas sobre si la falta de información podría originar responsabilidades legales exigibles a los colocadores.

A todas estas, los de la Comisión Europea parecían estar en Belén con los pastores. Por ejemplo, Amadeu Altafaj, portavoz del comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Oli Rehn, aseguraba el lunes 15 en Bruselas que Eurostat no estaba al corriente de esas transacciones enmascaradas, que en 2008 se abrió un procedimiento por déficit excesivo contra Grecia pero que entonces no se recibió información alguna al respecto. Luego añadía, según Europa Press, que está siguiendo las informaciones sobre este asunto y que ha pedido a las autoridades griegas explicaciones con un plazo que termina a finales de este mes de febrero.

Lo mejor del caso es que ha tenido que ser el diario americano The New York Times quien diera la información sobre la burla por Grecia de los límites de endeudamiento de la eurozona (que comprende a los países del euro) y sobre la ayuda prestada para perpetrar ese engaño que han proporcionado bancos americanos como Goldman Sachs o JP Morgan del que nos ocuparemos en próxima ocasión. El periódico, que ha sabido distinguir la indecencia del patriotismo, recuerda que todas estas argucias habían sido empleadas al menos desde 2001, una vez admitida Grecia en la Unión Monetaria. Así que "Mizifú y Zapirón/se comieron un capón/en un asador metido/después de haberlo comido/trataron en conferencia/si obrarían con prudencia/comiéndose el asador/¿Lo comieron?, no señor/ era un caso de conciencia". Por esa misma regla de tres, para nada consta que los bancos citados vayan a ser inhabilitados. Como tampoco lo han sido las agencias de calificación que seguían dando triple A+ a Lehman Brothers la víspera de su quiebra. Las reclamaciones al maestro armero. Vale.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista